6 de agosto 2007 - 00:00

Manuel De Falla, de Alta Gracia al Sur

Castiñeira deDios toca uncentenarioarmonio en eltemplo galésde Trevelin,horas antesdelpreestrenode «ManuelDe Falla-Unmúsico dedosmundos».
Castiñeira de Dios toca un centenario armonio en el templo galés de Trevelin, horas antes del preestreno de «Manuel De Falla-Un músico de dos mundos».
Trevelin (Enviado especial) - Cascarrabias, obsesivo, solitario, Manuel De Falla tuvo muchos ritos. Además de dedicarle cinco horas diarias a su aseo personal y anotar escrupulosamente sus grados de fiebre, cada noche ponía en hora dos relojes: uno, con la de Granada, el otro con la de Alta Gracia, Córdoba, donde transcurrió su vejez. A su muerte, una doméstica advirtió que uno de ellos adelantaba mucho, y con un rápido ajuste borró de golpe cualquier nostalgia.

Esa es una de las múltiples facetas del músico que revela el film «Manuel De Falla-Un músico entre dos mundos», ópera prima como realizador cinematográfico del compositor, intérprete y director orquestal José Luis Castiñeira de Dios, cuyo preestreno -y primera proyección nacional- tuvo lugar el jueves último en el Espacio Incaa Km. 2011, denominación con la que se conoce desde hace unos años la acogedora sala de Trevelin (cincuenta kilómetros al sudoeste de Esquel), donde también suelen reunirse los mejores coros galeses de la región.

La película, que se proyectó a sala llena (con diez grados bajo cero de temperatura en el exterior), había tenido una única exhibición previa, en Madrid, en una muestra de cine argentino realizada en abril. «Naturalmente, estoy menos tenso ahora» sonríe Castiñeira de Dios en su diálogo con este diario. «En España, tenía el temor de que no les gustara demasiado la idea de que un argentino filmara una película sobre De Falla con actores argentinos que hablan con acento argentino. Por mucho que él hubiese vivido sus últimos años en la Argentina, es un ícono de la música española del siglo XX. Pero, afortunadamente, todo anduvo bien».

Periodista: No hubo reproches, entonces...

José Luis Castiñeira de Dios: No... En fin, lo único curioso que me ocurrió fue que, al término de la proyección en Madrid, se me acercó una señora que me dijo, muy respetuosamente, que yo estaba equivocado, porque hacía aparecer a Franco como una persona insensible. Y me aseguró: «El generalísimo tenía una alta sensibilidad artística».

P.: ¿Se referiría al guión de la película «Raza»?

J.L.C.D.: No se lo pregunté. Sólo atiné a decirle que no era yo quien sostenía eso sino uno de los personajes del film. No era momento como para ponerse a discutir.

P.: Las dos Españas no han muerto.

J.L.C.D.: Seguramente que no.

P.: ¿Y a usted cómo se le apareció De Falla en su vida?

J.L.C.D.: Creo que la expresión justa es esa, una aparición. Nunca lo busqué sino que irrumpió. Debo reconocer que De Falla nunca había sido un músico que me atrajera especialmente como, por ejemplo, Stravinsky o Bartok. Es más, su música me inspiraba, prejuiciosamente tal vez, cierta desconfianza por aquello del « color local», del pintoresquismo...

P.: ¿Y entonces?

J.L.C.D.:
Entonces, en 1996, viajé a Granada para dar un curso sobre composición. Fue allí donde tomé contacto con el mundo De Falla, con su casa natal, con su archivo, que está manejado por un argentino, Jorge de Persia, autor de una magnífica biografía suya. Y sólo entonces me acerqué de otra manera no sólo a su música, sino también a lo extraño de su personalidad, aparentemente tan fría, tan incapaz de pasiones, pero de la que salió una obra tan pasional como «El amor brujo».

P.: ¿De modo que su film busca el misterio del Citizen De Falla?

J.L.C.D.: No, no en el sentido Welles. No en el del enigma de la persona sino en el de un misterio que me atrae mucho más, el de la creación artística. Es decir, cómo pudo haber nacido esa obra tan vibrante de una persona tan, aparentemente, en las antípodas. Un poco como lo de Mozart: una personalidad vulgar, al menos según lo que muestra «Amadeus», que crea una música sublime.

P.: ¿Cree haberse acercado a ese enigma?

J.L.C.D.: Por lo menos, a algunas claves. Creo que la principal es la tensión interior con la que siempre vivió De Falla. El estaba partido, no sólo entre esos dos mundos, España y América, sino en casi todo en su vida. Era profundamente católico pero casi todos sus amigos eran republicanos y ateos. Franco siempre quiso que regresara y los comunistas lo querían con él. Rafael Alberti lo elogia y componen juntos «Se equivocó la paloma». Su mejor amigo, y maestro, fue Federico García Lorca, cuyo fusilamiento marca un corte definitivo en su vida, el inicio de su exilio. Primero interior, luego exterior. Y el mayor símbolo, creo, es la accidentada composición de su obra mayor, «Atlántida», que empezó en 1936 y jamás pudo terminar. Es toda una metáfora de América, del viaje de Ulises, del fin de un mundo y del comienzo de otro, donde él está en el medio sin decidirse ni por uno ni por otro.

P.: Su sexualidad también es otro enigma. De Falla siempre vivió con su hermana. No se le conocen mujeres, y su pasión por Lorca llevó muchos a suponerlo homosexual. En su film este aspecto no aparece.

J.L.C.D.: Simplemente porque no hay ningún testimonio fehaciente. Además, Lorca nunca se calló nada, y así como reveló públicamente sus relaciones con Buñuel y Dalí, no hubiese tenido ningún problema en contarlo. Pero no.

P.: ¿Y con qué otros enigmas tropezó?

J.L.C.D.: Muchos. Por ejemplo, De Falla, con todo lo religioso que era, jamás compuso música religiosa. Eso es rarísimo. Y tampoco le interesaba el «pintoresquismo» sino más bien eso que los alemanes llaman el «Volkgeist», es decir, el espíritu del pueblo. Sólo así se entiende su relación con el cante jondo, con las marcas de la cultura árabe, todo lo contrario de la música de los Cruzados o la de la Europa visigótica. Su mayor obsesión era llegar, a través del canto del pueblo, a las formas originales de la música, las más primitivas, las previas a toda gramática musical. Al canto del pájaro, al rumor del agua.

P.: La realización de esta película sufrió muchos percances, ¿verdad?

J.L.C.D.: Demasiados, desgraciadamente. Y también muchas mutaciones a lo largo del tiempo. Empezó como una película casi de espías, de españoles enfrentados en la Argentina después de la guerra civil, que se iba a llamar «Del otro lado del mar». Hubo un guión, que escribí con María Ibáñez y Pablo Lago, que terminó transformándose completamente. Yo siempre supe que no quería hacer un documental. Ya hay varios, y uno muy bueno de la BBC. En una segunda etapa, De Falla iba a tener un intérprete, que primero iba a ser Alberto Segado o Ulises Dumont. Eso también quedó desechado, y opté por lo que me pareció más ajustado a mi idea: dos investigadores, en la actualidad (Luis Luque y Mónica Galán), con intereses contrapuestos, que se cruzan para reconstruir el misterio De Falla. Penurias hubo muchas: empecé a rodar en marzo de 2006 las partes de Buenos Aires, y poco después se enfermó el productor por Argentina, Kiko Tenembaum. Tuvimos que interrumpir todo, yo me hice cargo de la producción... Sólo al año siguiente retomé con las partes de Córdoba y España. Por suerte aquí estamos. No fue una «Atlántida».

Entrevista de Marcelo Zapata

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