Buen arranque de Mar del Plata en su programación y sus homenajes

Espectáculos

El tributo a Pino Solanas con su film póstumo, "Tres en la deriva del acto creativo", y las recompensas a las carreras de Pepe Soriano y el director de fotografía Félix Monti generaron una emoción legítima.

Mar del Plata - Bastante bien está saliendo el 36° Festival de Cine de Mar del Plata. A fin de cuentas, sus defectos son los ya tradicionales que lo caracterizan largamente: desorganización inicial, ausencia de catálogos en los primeros días, alguna proyección poco feliz, una sucesión de discursos eternos en la ceremonia de apertura. Hubo un tiempo en que esas cosas, y otras varias, empezaron a corregirse, pero llegó la pandemia. Ahora vuelven, beneficiadas además por la argentina costumbre de hacerlo todo sobre la hora: el regreso a lo presencial se decidió hace menos de dos meses.

Por suerte algunas cosas vienen saliendo no solo bien, sino memorables. La emocionada presentación del último film de Pino Solanas a cargo de su esposa e hijos, y su amigo el pintor Luis Felipe Noé y su hijo (una obra gozosa, “Tres en la deriva del acto creativo”, reflejando la amistad entre Solanas, Noé y Tato Pavlovsky), el homenaje a Pepe Soriano, 92 años, actor de admirable vitalidad, elocuencia, coherencia y memoria;, el homenaje al maestro de la fotografía Félix Monti, el Chango Monti, 83, artista de enorme grandeza, humilde y agradecido, querido por todos y todavía en actividad, esos momentos son memorables.

A destacar, los documentales “Chango, la luz descubre”, de sus discípulas Paola Rizzi y Alejandra Martín, hoy también directoras de fotografía, y “María Luisa Bemberg: el eco de mi voz”, de Alejandro Maci, que también fue discípulo y amigo de la recordada creadora. Y, yendo a la ficción, pero no tan ficcional, “Azor”, franco-argentina del suizo Andreas Fontana, intriga en el ambiente financiero local de los primeros ’80, ejemplo de cine político bien hecho; “Vortex”, de Gaspar Noé, drama intenso, naturalista, terrible, sobre una pareja de ancianos, quizá más largo de lo conveniente y con una separación de pantalla no siempre necesaria, pero valioso, de fuerte humanidad, y “Petite maman”, de Céline Sciamma, que, partiendo de un duelo familiar, describe con ternura una etapa de la infancia envuelta en protectora fantasía. Este film es de próximo estreno.

Renglón aparte, dos películas en una: “Re Granchio”, rey cangrejo, aunque más bien vemos una centolla, de Matteo Zoppis y Alessio Rigo de Righi, que primero es un drama de época en Viterbo, evocado por viejos pobladores, y luego es una cinta de aventureros, también de época, en Tierra del Fuego, contando la historia trágica y legendaria de un solo personaje, rebelde al comienzo, exiliado después, bajo otra apariencia, desesperado siempre. Nacido en Mississippi, Rigo de Righi vive entre Italia y Argentina. La película es ítalo-argentina. Hay más, entre notables, buenas, atendibles, aburridas e infladas (“Titane”, impresionante, pero más forma y provocación que contenido). Muchas se pueden ver gratis por online, y por pocos días, en la página del Festival. Eso está más organizado. Es un beneficio que dejó la pandemia.

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