10 de julio 2024 - 16:01

Marcia Schvartz: la pasión por el retrato, con otra mirada

La artista argentina acaba de inaugurar en la galería W la muestra "Soy otras", donde se advierte su virtuosismo y capacidad para representar la realidad y la psicología de sus personajes

Uno de los retratos de la muestra de Marcia Schvartz, donde se evidencia el gesto distendido.

Uno de los retratos de la muestra de Marcia Schvartz, donde se evidencia el gesto distendido.

La galería W exhibe en estos días “Soy otras”, una muestra de Marcia Schvartz (1955) que ocupa los extensos tres pisos del edificio de la calle Defensa. Consultada la artista sobre cuáles son sus obras más recientes, señala una serie de retratos. “Me gusta el retrato”, aclara. Bastaba mirar allí mismo, durante la inauguración de la exposición, los rostros de algunos personajes frente a las imágenes de ellos mismos, para advertir la coincidencia de los rasgos y la actualidad en las pinturas. Los retratados escoltaban sus propios rostros y, con su silenciosa presencia, rendían cuenta del virtuosismo del oficio y la especial capacidad de Schvartz para representar la realidad y capturar la psicología de los personajes.

La artista se dedicó mayormente al retrato desde los años de su exilio en Barcelona, ciudad donde estuvo desde 1976 hasta principios de la década del 80, y también al volver a Buenos Aires. Pero las obras de la actualidad poseen una cualidad única. La pureza de la línea tiende hoy a la síntesis y los retratados poseen una actitud gratamente distendida que se diferencia de la tendencia al grotesco, la exaltación de los gestos y los rasgos marcados de los travestis de Barcelona y otros personajes del pasado. Hasta el color se ha suavizado.

El curador de la muestra, Roberto Amigo, describe las búsquedas de la artista y su expresividad, el modo en que “la figuración excava en ella un abismo, siempre vertiginoso, desde el furor, la empatía, el dolor o el sarcasmo”. Sobre su capacidad para comunicar sentimientos y sensaciones, agrega que “en los años ochenta, encontró en el retrato la defensa de la pintura como acción material e ideológica que permitiese dar cuenta de la relación sensible con el otro”. Sostiene entonces que, en Barcelona.

“Marcia retrató la soledad propia en el ensimismamiento del retratado”, mientras que al regresar buscó los afectos y que recuperó en el barrio, “el territorio perdido en la violencia y la derrota”. Justamente, la violencia de los años de la dictadura militar aparece desde hace ya décadas con un verismo escalofriante, en gran parte de las obras. Marta Dillon escribía en el libro “Fondo”, acerca de los “retratos de los amigos que ya no están y retratos en los que ella misma parece observar a la Marcia Schvartz de hoy, con toda la expectativa que el pasado deposita en los sobrevivientes”.

No obstante, los retratos de las mujeres y los morochos del barrio del Abasto pintados en la década del 80, reflejan la mirada amorosa de la artista, liberada y cargada de admiración. En la exposición de W se destaca la capacidad para compenetrarse con ese peculiar contexto social y retratarlo con fidelidad. De hecho, cuando el mercado del Abasto se convirtió en un shopping más entre tantos de Buenos Aires, Schvartz abandonó la casa con jardín que había perdido su encanto y se mudó para vivir en un espacio mayor, puertas adentro.

WhatsApp Image 2024-07-10 at 15.51.33.jpeg
Autorretrato de la artista, cubierta por facturas y cuentas impagas, pero con la paleta de pintor en la mano.

Autorretrato de la artista, cubierta por facturas y cuentas impagas, pero con la paleta de pintor en la mano.

La exhibición despliega el arte de Schvartz y casi todos los temas que abordó en su trayectoria, salvo las pinturas que dedicó al tango. Y allí está la notable diversidad de géneros. Junto a las bellísimas esculturas de cerámica, las flores y frutos de diversos colores, se percibe y vuelve visible la atracción que ejerce la naturaleza. El espectador imagina la mano diestra de la artista acariciando la arcilla y las lanas de color de los “tapices truchos”. Hay cosas que, es evidente, tocan el sistema nervioso de Schvartz, como los paisajes con cardones antropomórficos del noroeste argentino. Sin embargo, en el texto de la muestra se aclara: “Marcia no pinta paisajes, representa territorios”.

Por otra parte, las maderas del cardón enmarcan algunas pinturas tan oscuras que inducen a pensar en lo siniestro. Sin dedicarle una sala especial al tema del terror de los años 70, los miedos y las cuestiones autobiográficas de la artista, Roberto Amigo presenta el horror de las visiones de un cuerpo mutilado y los macabros recuerdos que pueblan algunas obras. De este modo, al final del recorrido, sin crear contrastes, el espectador termina por entender la estrecha relación de la vida con la producción.

Por otra parte, en la sala superior figuran los volumétricos ensamblajes cuyo clima oscila entre el humor al drama. Un extenso friso de 2001, “Berniadas”, exhibe entre cartones el dolor generado por la pobreza, condición que toca la sensibilidad de ambos artistas, Berni y Schvartz, quien se considera heredera del maestro rosarino.

El vistoso mundillo artístico aparece, inocultable, en los personajes de dos ensamblajes de gran formato. También el fútbol está presente en un personaje lumpen que reúne todos los vicios. Entretanto, en un autorretrato con un gesto de terror y un humor desopilante, Schvartz aborda el tema de la crisis económica. Aparece cubierta por completo por cuentas y facturas supuestamente impagas. Mientras grita, trabaja, sostiene firme en su mano la paleta de pintor.

Dejá tu comentario

Te puede interesar