La artista plástica María Faraone regresó hace poco de la Bienal de Florencia, adonde representó a la Argentina con su obra “Un grito por la paz”. “He visto parejas jóvenes que lagrimeaban frente a la obra. Europa está atravesando un momento político más grave que cuando la pinté. En ese momento aún no se habían producido algunos acontecimientos que pueden llegar a ser definitorios”, dice en conversación con este diario.
María Faraone: pintar la guerra, imaginar la paz
La artista argentina presentó, en la Bienal de Florencia, una obra atravesada por la violencia contemporánea, que ahora se propone donar a un museo. En este diálogo reflexiona sobre el mundo en llamas y el papel del arte en lo social
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La artista plástica argentina María Faraone representó al país en la Bienal de Florencia
Nacida en Buenos Aires, Faraone, cultora de la pintura neofigurativa, expuso en su ciudad y en diversos países de Europa y América, recorriendo escenarios tan distintos como París, Barcelona, Lausana, Moscú, Viena, Nueva York, Punta del Este o São Paulo. Allí fue construyendo un itinerario donde la emoción, en todas sus formas, se volvió el centro de su obra.
Su trayectoria fue reconocida por múltiples premios: el premio de la Artitud Gallery (París), el Primer Premio en Dibujo de Desde la Plástica, el Primer Premio en Pintura del Encuentro de Artistas Argentina-Brasil, el Primer Premio en Pintura del Museo Histórico del Ejército y Fuerte de Copacabana, y la Medalla de Oro de la Academia Brasileña de Arte, Cultura e Historia.
Sus libros “La emoción de la pintura” y “Tintas y dibujos” fueron presentados en la Feria del Libro del MoMA de Nueva York, y sus experimentaciones más recientes exploran el arte-objeto con técnicas mixtas que incorporan ropajes y materiales industriales.
En “Un grito por la paz” se abre un ojo superior, el de Dios, que observa una composición gobernada por animales que encarnan a los líderes políticos, figuras que manejan los hilos de la violencia y deciden sobre la vida y la muerte. Son fácilmente reconocibles. A un lado, una figura pensativa representa a las Naciones Unidas, impotente, casi decorativa. Debajo, madres y esposas desgarradas, un soldado que no entiende lo que ocurre, y al fondo una fila de combatientes que marchan a la guerra. El árbol muerto al que otro soldado se aferra proviene de una fotografía real, en Ucrania, mientras las tumbas anónimas recuerdan que la muerte no distingue bandos. Inclusive aparece un casuario, el ave más letal del mundo
“La obra”, prosigue la artista, "provocó especialmente a los jóvenes, que tienen hoy más conciencia del peligro porque lo están padeciendo. Casualmente, en diagonal a mi stand había un pintor de Bielorrusia que sufría, en carne propia, los males que se viven en la región. Esto implica destrucción de familias, de proyectos de vida”.
Periodista: ¿Alguna otra obra se ocupó del mismo tema en la Bienal?
María Faraone: Desgraciadamente, no. Hay silencio. La única obra que trató directamente el tema fue la mía. Hubo días en los que hablé durante horas, y en cuatro idiomas, sobre la simbología de la obra. Les interesaba mucho. Lo que más conmovió fue la imagen del soldado que mira al público, como si nos mirara a todos, y nos interrogara sobre su destino. Al lado están los jóvenes que marchan a la guerra y que, con suerte, sólo serán reconocidos como los héroes anónimos caídos en combate.
Periodista: ¿Cuál será el recorrido de la obra?
M.F.: En esto quiero ser muy enfática. Mi gran aspiración, porque no pretendo obtener un peso por ella, es que quede en un museo como un testimonio de este momento de la historia. Donarla a un museo. En la Bienal fue considerada como un segundo Guernica, el Guernica de este siglo. Es el dolor del mundo moderno ante las guerras presentes y las que se avecinan. La obra está expresada con símbolos y figuras comprensibles; no es una obra abstracta sobre el dolor. Es el que se vive.
P.: Goya pintó una famosa serie sobre los horrores de la guerra, aunque, en general, la pintura tendió más a resaltar el elemento heroico, desde “La rendición de Breda” de Velázquez hasta la iconografía clásica épica.
M. F.: Es verdad. La paz no se exalta, pese a que ninguna guerra haya servido de vínculo eficaz entre los hombres. Y atención: no soy utópica ni ingenua, sólo manifiesto a través del arte mi deseo de que haya más solidaridad en el género humano. En esta obra, junto a la palabra “Pax”, paz, que aparece en muchas lenguas, hay un soldado caído al que viene asistir otro, y no lleva bandera. Viene a solidarizarse con su par.
P.: ¿Qué tendencias advirtió en las obras expuestas en la Bienal?
M.F.: Es evidente que hay mucha libertad, mucha técnica nueva. Geometrismo, abstracción, aunque también un retorno a la figuración, que es lo que a mí me conmueve. En una galería pude apreciar un resurgimiento del Cinquecento, es decir, de la pintura medieval, muy interesante. Asombrosa, del mismo modo, era la gran cantidad de artistas orientales, especialmente chinos. Hoy ya no es sólo la tela sino la tela intervenida. Hay talento, hay creación. Hasta quedan un poco relegadas las técnicas clásicas como el óleo, e inclusive los metales. Yo en mi exposición anterior, sin abandonar lo figurativo, utilicé piedras para darle relieve a los personajes. Y otra de las cosas que me dieron mucha satisfacción, después de la Bienal, fueron dos propuestas que tuve para exponer en el exterior: en un caso de una galería de Roma, durante dos meses, y en otra de los Estados Unidos, donde ya expuse tres años seguidos.
Faraone le ha dedicado especial atención a la figura femenina, a la que consagró varias series de sus cuadros. Otras series tienen una fuerte carga simbólica y cultural: “Carnaval de Venecia”, distinguida como Revelación del Año por Aerolíneas Argentinas, o “El mundo de la ópera”, donde pintó veintitrés títulos líricos (entre ellos “Tosca”, “Madama Butterfly”, “Lucia di Lamermoor”, “La dama de pique”, “Ariadna en Naxos”) y colaboró con el Teatro Colón en cubiertas de conciertos.
También produjo retratos, obras de inspiración religiosa como el “Vía Crucis” en la UCA, o personales, como el del crítico de arte Rafael Squirru, el primero que apoyó su labor, y una vasta producción de imágenes que forman parte de colecciones privadas e institucionales. Sin embargo, lo social sigue latiendo en cada trazo.
En la génesis de sus pinturas, muchas veces influyeron hechos vividos por ella que luego transformó en arte. Es interesante darle la palabra para que relate algunos de estos episodios.
Figura y Arlequín
“Una vez, caminaba por una plaza en Florencia, y vi que una mujer pedía limosna. Vestía de negro y llevaba un velo que le cubría los anteojos. Le dejé unas monedas, me agradeció y me preguntó el nombre, ‘María’, le respondí. Al día siguiente, también de paseo, oigo que me llaman ‘¡María!’. Era ella. Me detuve y conversé un momento. Me contó que ella estaba allí hace una década, cuando secuestraron a su única hija, de diez años, y que nunca perdió la esperanza de encontrarla. Y que ese velo que llevaba se debía a su fotofobia, que la luz la podía dejar ciega y que deseaba poder ver a su hija. Yo la pinté con un sombrero, con perlas. La obra se llama ‘Figura con sombrero y perlas.”
“Al ‘Arlequín”, tal como denominé a la obra, lo conocí en Moscú. Era un joven que trabajaba como camarero en el hotel donde yo residía. Él me servía el desayuno y hablaba muy poco inglés, pero lo suficiente para entendernos. Era hijo de un matrimonio de trapecista que, en un salto peligroso, se mataron a la vez. Él también actuaba como trapecista y, al igual que sus padres, tuvo una caída importante. No le quedaron secuelas físicas pero quedó traumatizado, por lo que decidió transformarse en payaso y divertir a los niños. Poco después, el dueño debió cerrar el circo y él perdió el trabajo. Lo único que le dejó fue un pequeño acordeón, con el que tocaba en la calle. Lo pinté como un arlequín, con su acordeón.”
Juego y Liberación
“La obra ‘Cada cual atiende su juego’ se originó en una ciudad italiana, no recuerdo cuál. Había un hombre que protestaba por algún conflicto social, pero ninguno de los que lo acompañaba le prestaba atención. Todos ausentes, uno miraba hacia un lado, otro hacía comentarios sobre otro tema, y al fondo marchaba un hombre con zancos. Muchos creen que es un carnaval, pero no, es una imagen de la incomunicación.”
“En cuanto a ‘Liberación’, es la historia de una mujer que se reconcilió con el mundo. Ella sufrió múltiples traiciones, dolores. Esa niña que aparece en la obra representa sus sueños; la flor que alcanza, la esperanza. El árbol seco, con deshechos a su pie, las decepciones que ha ido acumulando en la vida. Está inspirado en la vida de una amiga que me lo pidió. Me dijo ‘quiero que pintes mi dolor’.”







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