19 de octubre 2000 - 00:00

Más que desafío, pérdida de tiempo

«Desafío al tiempo» («Frequency», EE.UU., 2000;habl. en inglés). Dir.: G. Hoblit. Int.: D. Quaid, S. Doyle, E. Mitchell, N.Emmerich.

 

E l protagonista de esta película no vegente muerta, pero la oye, y sin mediación alguna de Bruce Willis que enésta no trabaja. Johnny no es médium ni tiene más poderes que los de un simplepolicía, del grado más bajo en el escalafón, hasta que un día desempolva unviejo aparato de radioaficionados con el que logra volver a comunicarse con supadre, muerto hace ya varios años, y que solía utilizar ese arte-facto cuandoen el mundo nadie chateaba.

Su padre es Dennis Quaid, que en vida fuebombero y que murió en un heroico acto de salvataje. El film, además de darrienda suelta al sentimentalismo obvio que permite este tipo de situaciones(aunque no tanto como en «El campo de los sueños», por suerte), tampocose priva de entregarse a otro repertorio de clichés tomados en préstamo delgénero de los viajeros del tiempo.

 

 Tedio

 

Así, está casi todo lo que tantas veces se vio enpelículas y series fantásticas, pero sin gracia ni ritmo, como encajado a lafuerza para llegar a las casi dos horas de película.

Como la trama de «Desafío al tiempo» no sesostendría con la idea simple del reencuentro, también introduce una varianteentre policial y nietzscheana: si el hijo puede salvar al padre modificando elpasado, ese cambio -ineludible inciso del eterno retorno-provocará un acontecertotalmente distinto, entre cuyas posibilidades ahora cabe, por qué no, queaparezca un asesino serial y que la víctima sea la madre. O sea, lo más opuestoa Edipo que haya imaginado nunca un guionista varón. Un film para perder en eltiempo, sin duda.

 

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