(14/06/2001) Matilde Marín, ya lo hemos señalado en otras ocasiones, es una artista proclive a la constante experimentación. Lo hizo a través del grabado, disciplina por la que obtuvo desde 1984 las más altas distinciones en el ámbito nacional e internacional. Más allá de su excelencia técnica en todas las variaciones de la gráfica, Marín considera al grabado como un disparador de otras posibilidades.
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Así resultaron innovadoras las superposiciones de fragmentos con grafismos, la introducción de placas solares, el uso del papel artesanal, elemento éste de gran importancia en toda su obra, al que le sumó pigmentos y restos de cerámicas prove-nientes de yacimientos arqueológicos.
Entre sus obras destacadas figura el libro de artista «Mitos de creación», once mitos pertenecientes a diferentes culturas antiguas con textos de Nelly Perazzo, adquirido en 1996 por el Centro Contemporáneo Reina Sofía de Madrid. En otra de sus series «Fragmento del gesto inicial», aparece el símbolo maya que la artista relaciona con el gesto espontáneo y creador. Hacia 1996, unos rollos de papel con impresiones realizadas con fuego adquieren también por su gran volumen carácter escultórico.
La inclinación de la artista a todo tipo de experimentación le permite desde 1998 introducir la fotografía a su discurso, a partir de «Juego de manos», serigrafía fotográfica con la que ganó el Premio del gobierno de Salta, sus manos en diferentes movimientos del antiquísimo juego con cuyos hilos se crean innumerables figuras que recurrentemente se hacen y deshacen, poética imagen conectada con la realidad.
En su actual muestra en la Galería Infinitum (Av. Quintana 325 P.B.), Marín repite este esquema. Técnicamente son cuatro tomas directas diferentes y las líneas que corresponderían a los hilos son negativos que se superponen. La propuesta es diferente, al mezclar lo real y lo virtual, una mirada atenta nos devuelve la imagen de esos hilos como un trompe l'oeil tecnológico que ni siquiera roza sus manos. ¿Se acabó el juego? Como indica su nombre «Juegos iniciales» se abre, como lo hiciera en el grabado, a infinitas posibilidades. Acompañando la muestra se exhibe un video de 8 minutos de duración con texto de May Lorenzo Alcalá y el equipo integrado por Andrés Denegri y Paz Encina. Hasta el 25 de junio.
* Con excepción de «Central Park», técnica mixta, un paisaje bucólico y nostálgico, el resto de las 11 obras que Gustavo López Armentía expone en Principium (Esmeralda 1357) pueden calificarse como relieves, estelas o fragmentos arqueológicos. Revelarán en el futuro el paso del hombre por la contemporaneidad, un ser diminuto, con sus utensilios, en este caso, cuchillos, tenedores, platos, grafismos, incisiones con imágenes de animales, barcos, aviones en situaciones inestables, caóticas que rechazan el orden establecido.
Acumulación
López Armentía trabaja por acumulación de materiales, las obras tienen un espesor considerable a causa de las capas de pigmentos, hierro, un constante contrapunto de rugosidades y superficies suaves, lisas, brillantes. Obra muy elaborada en el aspecto formal y muy elaborada en cuanto a su contenido. Viajes reales o imaginarios por una geografía cuyos mapas sitúan con toda libertad a París en medio del Amazonas o a Kenia en nuestra costa bonaerense, unidas por sutiles hilos y leves caligrafías.
Quizás autobiográfica, con la presencia de figuras en simbiosis con paisajes lacustres donde crece la maleza y barcazas que se deslizan, un recurso fotográfico en la que aparecen desdibujadas por el tiempo, esta acumulación de imágenes permite bucear en su rica imaginería que despliega en «Los inmigrantes» un políptico en forma de rayuela, cuyo antecedente es «Emigrar» (1998) de parecidas características.
«Lo profundo» y «La habitación», técnica mixta sobre yeso, (2001) son composiciones de extraña seducción en el conjunto de obras presentadas por un artista que ha recibido desde 1982 importantes premios así como especial atención de la crítica especializada nacional e internacional y cuya obra figura en importantes museos nacionales y del exterior. Clausura el 23 de junio.
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