23 de abril 2003 - 00:00

Mayoral: "La milonga es como el potrero para bailar tango"

Héctor Mayoral
Héctor Mayoral
N o necesita demasiada presentación. Su nombre, como los de Horacio Salgán, Mariano Mores, Juan Carlos Copes o los desaparecidos Roberto Goyeneche, Carlos Gardel, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, ocupa ya un lugar importante en la historia grande la música argentina. Héctor Mayoral, porteño de Villa Pueyrredón, hijo de inmigrantes españoles, aprendió a bailar el tango sin profesores.

«Aprendí sin aprender, sin darme cuenta»
, dice en el comienzo de la charla con Ambito Financiero. «Como porteño que soy, y en la época en que me tocó andar por los bailes, el tango se me metió en el cuerpo, y desde ese lugar puedo contarlo ahora bailando, como otro lo hace cantando, o pintando o tocando su música».

Mayoral
conoció hace mucho más de treinta años a otra porteña, de La Boca, Elsa María Bórquez, ex bailarina clásica y hermana del también excelente bailarín Carlos Bórquez, y armó con ella una pareja, para la danza y también para la vida. Su historia juntos es enorme y prestigiosa. Les tocó bailar y ser admirados por las más grandes figuras del mundo del espectáculo mundial, fueron parte fundamental de shows renombrados como «Tango Argentino» o «Forever Tango», y se alzaron con una larga lista de premios y condecoraciones.

Pero, además, trabajaron con René Favaloro en el armado de un método terapéutico que asocia el baile porteño con la recuperación cardíaca, idearon un método de gimnasia-tango -«gimtango»- para evitar los problemas de los pasajeros en vuelos largos, conducen el Centro Cul-totural Mayoral y Elsa María -declarado de Interés Turístico-en el que enseñan a bailar, y hace pocos días se los nombró Ciudadanos Ilustres de la Ciudad de Buenos Aires.

«Así como los tangueros hacemos la diferencia entre cantante y cantor, creo que sería bueno diferenciar entre bailarines y bailadores. Estos últimos son los que aprendieron en las pistas, esos que fueron mis maestros sin saberlo, los grandes milongueros que yo admiro y admiré y que no son conocidos popularmente. Y eso se nota en el paso, en el caminar. En el tango, el bailarín -o mejor, el bailador- que no camina bien es como un actor tartamudo
».

Periodista: Siguiendo su terminología, ¿el cambio de los bailadores a los actuales bailarines de escenario tiene que ver con la desaparición, durante mucho tiempo, de las milongas?

Héctor Mayoral: No le quepa duda. Es como el potrero del fútbol, ese potrero que permitió que apareciera alguien como Maradona. Hubo y hay aún muchos milongueros que fueron figuras en los años '40 y '50, sólo que no se han dedicado al escenario.


•Diferencias

P.: ¿Qué otra diferencia hay entre bailarín y bailador?

H.M.: La diferencia entre una cosa y la otra salta a la vista para cualquiera que conozca un poco del tema. Porque el bailador no necesita de luces, ni de efectos, ni de ropa; le basta con su cuerpo y sus piernas. Usted veía pararse al Chúcaro y ya sabía que el hombre era un buen bailarín folklórico, y lo mismo pasa con el tango, con gente como Petróleo, Pampita, Milonguita o Pantalea -cualquier milonguero sabe de quiénes hablo-. Hay cosas que es difícil aprender en las academias; aunque nosotros hemos desarrollado un método con el que logramos sacar bailadores.


P.:
¿Qué camino les queda entonces a los jóvenes para aprender a bailar el tango si no son las academias?

H.M.: Por suerte, han vuela florecer las milongas y esa será, a la larga, una buena escuela. Otro consejo es aprender con maestros que sean ellos mismos bailadores. Y además, que vean películas, que busquen referentes, que vuelvan al pasado del tango.


P.:
¿Le interesa el trabajo de difusión de la danza?

H.M.: Muchísimo. Creo que he sido afortunado con la vida que me ha tocado y quiero retribuirlo. Sueño con aquellos bailes populares que conocí en otra época. Por ejemplo, estoy en un proyecto para enseñar tango en el club Boca Juniors, y que después podamos hacer concursos. Imagínese, una competencia entre los bailadores de Boca y de River. También estoy pensando en facilitar la llegada de gente con entusiasmo a nuestro Centro Cultural; por ejemplo, entregando «cheques tangueros» que permitan acceder a las clases.


P.:
Sé que está preparando un espectáculo. ¿De qué se trata?

H.M.: Es una obra musical con coreografías, que se llama «Sueño de milonguero». Estamos Elsa María y yo, además de actores muy importantes como Ana María Picchio, Lito Cruz y Carlos Moreno. Pero habrá además otras figuras reconocidas, como Alba Solís. Venimos trabajando hace ya unos años en esto, preparando a los actores en el baile -tendría que ver las cosas que hacen Ana María o Lito bailando-. Y seguramente estrenaremos este año, quizá primero en el interior del país y luego en algún teatro grande de Buenos Aires. Es sobre una idea mía y de Lito Cruz, con textos de Alejandro Dolina.


P.:
¿Qué significó para usted el haber sido reconocido como Ciudadano Ilustre de la ciudad en la que nació?

H.M.: Es algo que aumenta la chapa moral y espiritual. Es sentir que me están protegiendo. Aunque en esto hago partícipes a todos esos grandes milongueros a los que he visto y admirado a lo largo de mi vida.

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