23 de abril 2003 - 00:00
Mayoral: "La milonga es como el potrero para bailar tango"
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Héctor Mayoral
«Aprendí sin aprender, sin darme cuenta», dice en el comienzo de la charla con Ambito Financiero. «Como porteño que soy, y en la época en que me tocó andar por los bailes, el tango se me metió en el cuerpo, y desde ese lugar puedo contarlo ahora bailando, como otro lo hace cantando, o pintando o tocando su música».
Mayoral conoció hace mucho más de treinta años a otra porteña, de La Boca, Elsa María Bórquez, ex bailarina clásica y hermana del también excelente bailarín Carlos Bórquez, y armó con ella una pareja, para la danza y también para la vida. Su historia juntos es enorme y prestigiosa. Les tocó bailar y ser admirados por las más grandes figuras del mundo del espectáculo mundial, fueron parte fundamental de shows renombrados como «Tango Argentino» o «Forever Tango», y se alzaron con una larga lista de premios y condecoraciones.
«Así como los tangueros hacemos la diferencia entre cantante y cantor, creo que sería bueno diferenciar entre bailarines y bailadores. Estos últimos son los que aprendieron en las pistas, esos que fueron mis maestros sin saberlo, los grandes milongueros que yo admiro y admiré y que no son conocidos popularmente. Y eso se nota en el paso, en el caminar. En el tango, el bailarín -o mejor, el bailador- que no camina bien es como un actor tartamudo».
Héctor Mayoral: No le quepa duda. Es como el potrero del fútbol, ese potrero que permitió que apareciera alguien como Maradona. Hubo y hay aún muchos milongueros que fueron figuras en los años '40 y '50, sólo que no se han dedicado al escenario.
H.M.: La diferencia entre una cosa y la otra salta a la vista para cualquiera que conozca un poco del tema. Porque el bailador no necesita de luces, ni de efectos, ni de ropa; le basta con su cuerpo y sus piernas. Usted veía pararse al Chúcaro y ya sabía que el hombre era un buen bailarín folklórico, y lo mismo pasa con el tango, con gente como Petróleo, Pampita, Milonguita o Pantalea -cualquier milonguero sabe de quiénes hablo-. Hay cosas que es difícil aprender en las academias; aunque nosotros hemos desarrollado un método con el que logramos sacar bailadores.
P.: ¿Qué camino les queda entonces a los jóvenes para aprender a bailar el tango si no son las academias?
H.M.: Por suerte, han vuela florecer las milongas y esa será, a la larga, una buena escuela. Otro consejo es aprender con maestros que sean ellos mismos bailadores. Y además, que vean películas, que busquen referentes, que vuelvan al pasado del tango.
P.: ¿Le interesa el trabajo de difusión de la danza?
H.M.: Muchísimo. Creo que he sido afortunado con la vida que me ha tocado y quiero retribuirlo. Sueño con aquellos bailes populares que conocí en otra época. Por ejemplo, estoy en un proyecto para enseñar tango en el club Boca Juniors, y que después podamos hacer concursos. Imagínese, una competencia entre los bailadores de Boca y de River. También estoy pensando en facilitar la llegada de gente con entusiasmo a nuestro Centro Cultural; por ejemplo, entregando «cheques tangueros» que permitan acceder a las clases.
P.: Sé que está preparando un espectáculo. ¿De qué se trata?
H.M.: Es una obra musical con coreografías, que se llama «Sueño de milonguero». Estamos Elsa María y yo, además de actores muy importantes como Ana María Picchio, Lito Cruz y Carlos Moreno. Pero habrá además otras figuras reconocidas, como Alba Solís. Venimos trabajando hace ya unos años en esto, preparando a los actores en el baile -tendría que ver las cosas que hacen Ana María o Lito bailando-. Y seguramente estrenaremos este año, quizá primero en el interior del país y luego en algún teatro grande de Buenos Aires. Es sobre una idea mía y de Lito Cruz, con textos de Alejandro Dolina.
P.: ¿Qué significó para usted el haber sido reconocido como Ciudadano Ilustre de la ciudad en la que nació?
H.M.: Es algo que aumenta la chapa moral y espiritual. Es sentir que me están protegiendo. Aunque en esto hago partícipes a todos esos grandes milongueros a los que he visto y admirado a lo largo de mi vida.



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