19 de noviembre 2003 - 00:00

México redescubre a una leyenda sexual

México redescubre a una leyenda sexual
Adriana Malvido «Nahui Olin, la mujer del sol» (Barcelona, Circe, 2003, 257 págs.)

D
icen que su religión era el sexo, esto se lo subrayó a uno de sus más duraderos amantes en cartas en las que no se privaba de las expresiones más fuertes y concretas. Dicen que se volvió loca hacia el fin de su vida viviendo sola entre ocho gatos y dos perros; hay quienes sostienen que lo estuvo siempre. Carmen Mondragón (México, 1983-1978), rebautizada Nahui Olin (el movimiento renovador del cosmos, según el calendario azteca), es recobrada hoy como artista y no sólo como predece-sora de la liberación sexual o feminista avant la lettre. Pintora naïf, compositora, poeta, Nahui Olin -aunque no faltaron tragedias a su vida-aparece como la contracara vital de la sufrida Frida Kahlo.

«Ni Lolita, la de Nabokov, conoció la insinuación de sus perversiones brahamánicas. Nahui todo lo remite a su cuerpo y a los ardores de ese cuerpo tempranero. Se asume sexualmente en un país de timoratos y de hipocritones»
, señala Elena Poniatowska, y agrega: «le urgen las llamadas malas intenciones. Es quizá la primera que se acepta como mujercuerpo, pero no sólo era una relámpago verde sino una mujer culta que amaba el arte». Esto lleva a la escritora mexicana a colocar a esta amante desaforada entre «Las siete cabritas», las siete mujeres vanguardistas y transgresoras del México de comienzos del siglo XX, junto a las pintoras Frida Kahlo y María Izquierdo; las escritoras Rosario Castellanos, Pita Amor, Nellie Campobello y Elena Garro, mujer del premio Nobel Octavio Paz. Podría haber agregado a Dolores del Río y a la italomexicana Tina Modotti.

«Era una mujer muy dotada, de línea genial. Poetisa, pintora notable y de gran imaginación. Hizo unos poemas extrañísimos, proféticos; escribió sobre la bomba atómica y los viajes espaciales antes de que sucedieran. Pintó mucho, y fue muy fotografiada. Nahui era de esas personas, como Frida Kahlo, que no saben quienes son, que se autorretratan para verse a sí mismas. Eso sí, hizo su vida como le dió la gana», recuerda el escritor Andrés Henestrosa.

•La hija del inventor

La desprejuiciada Nahui Olin fue uno de los ocho hijos que el general Manuel Mondragón, inventor de un cañón, una carabina y un fusil automáticos, tuvo con Mercedes Valseca. Algunos creen, emparentándola con la escritora francesa Marguerite Duras, que la intensa pasión filial entre Carmen y su padre llegó al incesto.

Educada en Francia, a los 19 años Carmen decide casarse con Manuel Rodríguez Lozano, cadete militar que luego abandonará esa carrera y se convertirá en pintor. Manuel no satisface los ímpetus sexuales de la muchacha, algunos sospechan que era homosexual, y ella encuentra refugio en Gerardo Murillo, un pintor viente años mayor que ella, a quien habían apodado Alt (agua, en náhuatl) y a quien Leopoldo Lugones agrega «doctor», por estar doctorado en filosofía. El Dr. Alt. una leyenda en México, rebautiza a Carmen como Nahui Olin. Es con él que se produce el destape de Nahui en todos los ordenes y desórdenes. Desafía la «moral» y las «buenas costumbres» de su tiempo que disfrazan la libertad sexual de las mujeres, provocando escándalos, controversias sobre su promiscuidad, el rechazo de familiares y amigos, y la fascinada pasión de artistas y bohemios.

A partir de allí, quien fue considerada una de las mujeres más hermosas de México, la de los incontables amantes, la que marcó una época de su país con sus escándalos, la amiga de
Picasso, la retratada por Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, pinta, escribe, rechaza ofertas de Hollywood, hace exposiciones de las fotos para las que pidió posar desnuda, que ya en la vejez y la pobreza venderá por la calle. Su vida ha llegado al cine en la película «Nahui Olin, insaciable sed», no estrenada en la Argentina. La biografía de Adriana Malvido «Nahui Olin. La mujer del sol» suple su falta de profundidad con valiosos testimonios, y magnificas ilustraciones tanto de las obras de Nahui Olin como de quienes la pintaron, y numerosas fotos tanto de su rostro como de sus desnudos.

Solía decirle a su familia
«nadie de ustedes me cree, pero un día verán que de verdad soy artista», esa profecía suya también se ha cumplido.

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