28 de octubre 2003 - 00:00

"Mi tío soñó 'La cumparsita' una noche de delirio febril"

Portada de partitura
Portada de partitura
Colonia - El origen de «La cumparsita» es el tema de una interesante película que rodó la sobrina nieta de su creador, el uruguayo Gerardo Hernán Matos Rodríguez. Rosario Infantozzi exhibió el film en el Festival de Cine del Plata realizado en Colonia (su duración es breve, pero aspira a convertirse en largometraje en el futuro), y también publicará un libro que irá mucho más allá de las anécdotas familiares sobre la gestación del tango más conocido del mundo, creado, paradójicamente, por el compositor más desconocido.

«A mi familia nunca le interesó demasiado que fuéramos parientes del creador de 'La cumparsita'»
, dijo Infantozzi a este diario. «A mi tío abuelo Gerardo no le gustaba que se metieran en su vida, le mentía siempre a los periodistas y su historia siempre fue contradictoria, oscura y llena de mitos. Yo empecé a recopilar recuerdos y anécdotas de todos mis familiares, primero con la idea original de regalárselos a mis primos para Navidad, pero luego el proyecto se volvió más serio» recuerda Infantozzi. «Porque la historia de 'La cumparsita' la sabía yo y nadie más».

Una de las versiones señala que Matos Rodríguez compuso «La cumparsita» en 1917 en Montevideo, a manera de marcha, para una agrupación juvenil carnavalesca que él mismo integraba. Sin embargo, lo verdaderamente interesante radica en la resistencia de una familia tradicional a esa música «prohibida». «En mi familia se le tenía fobia al tango, eran muy victorianos. El tango era música marginal, de muchachos jóvenes que vivían en el hipódromo y se acostaban con prostitutas. Sin embargo, si el macho no bailaba el tango no existía», dice Infantozzi poco antes de revelar los detalles de la noche en que su tío abuelo «soñó» la melodía.

«El padre de Gerardo había muerto de tisis y, cuando su madre vio a su joven hijo también enfermo, desesperó al temer que muriera de lo mismo y comenzó a atenderlo como a un bebé. Le cantaba canciones de cuna a un grandulón de 20 años. En realidad, ella no hablaba, cantaba. Según mi abuela (hermana de la madre de Matos Rodríguez), en una de las noches de delirio por la fiebre, él soñó la música, se levantó, la tarareó entre sueños y hasta la bailó y siguió durmiendo. Su hermana, que en ese momento lo cuidaba en vigilia, quedó perpleja y al día siguiente le comentó aquel delirio febril. Gerardo intentó recordar aquella melodía y le pidió a su hermana que le trajera una tela que simulaba las teclas de un piano. El tenía «oído absoluto musical» pero no sabía escribir ni leer música; así, fue marcando las notas en las teclas de tela mientras la hermana apuntaba la música en el pentagrama. Cuando la composición estuvo lista, la mujer la releyó y, entre azorada y espantada, exclamó: ¡Pero esto es un tango!»
.

•Arreglos

Las versiones coinciden en que fue necesario hacerle algunos arreglos a la partitura original, además de su traslado a ritmo de tango. Roberto Firpo la incorporó a su repertorio para las nuevas veladas del café; el músico argentino, que estrenó en ofrenda a la ciudad su tango «Montevideo», fue promotor de otro fino presente a la capital uruguaya, en reconocimiento a la inspiración de un «joven aprendiz de compositor», sin imaginarse que la obra sería definitivamente el himno de los tangos.

Así lo reconstruye Infantozzi: «Cuando Gerardo se levantó de la cama, decidió llevarle la música a Firpo para que la estrenara. Luego le ofreció los derechos a la Editorial Breyer, representante de la Casa Ricordi en la Argentina, por cinco nacionales (pesos) y le contestaron el 26 de abril de 1917 ofertándole cincuenta (veinte pesos oro) y treinta ejemplares del tango ya editado para ser tocado en piano. En realidad, él necesitaba la plata para no depender más de los padres pues para ese entonces estudiaba arquitectura y no trabajaba».

Según el investigador uruguayo Boris Puga, la editorial Breyer corrigió la partitura original de «La cumparsita». Junto con el contrato comercial que Matos Rodríguez debía devolver firmado, le enviaron un nuevo original del tango con pequeñas correcciones que requerían su conformidad. Todo induce a que fueron simples modificaciones en la escritura técnica de la obra.

Mas tarde, Matos Rodríguez inició gestiones para recuperar su obra, lo que consiguió por mediación de sus amigos Enrique Delfino, Emilio Fresedo y José de Grandis, entre otros, en 1923. También fue polémica la letra que escribieron Pascual Contursi y Enrique Maroni, modificándole además el título y llamándola «Si supieras». Matos Rodríguez entabló una demanda contra esos autores por haber actuado sin su consentimiento y la causa fue resuelta, mucho tiempo después, a favor del compositor uruguayo. Sin embargo, los letristas argentinos siguieron percibiendo beneficios con «Si supieras».

Hasta 1924 «La cumparsita» fue un tango instrumental totalmente olvidado por carecer de letra, en tiempos en que era furor el llamado tango-canción. El 6 de junio de 1924, la compañía de Leopoldo Simari estrenó una obra de Contursi y Maroni titulada «Un programa de cabaret». Pero, como no había obras teatrales populares que no incluyeran el estreno de uno o dos tangos para asegurarse el éxito del público, el cantor Juan Ferrari interpretó por primera vez los versos compuestos por ambos autores sobre la música de «La cumparsita». La pieza estuvo muy poco tiempo en cartel pero el nuevo tango tuvo un éxito inesperado. Gardel comenzó a cantarlo ese mismo año y lo grabó para Odeón.

«Matos Rodríguez supo de 'La cumparsita» en París. Sus amigos se pararon en un local y, tocándose el corazón, dijeron 'Es el himno'»
, cuenta Infantozzi. El compositor recurrió inmediatamente al auxilio del abogado Calatayud, que llevó adelante las acciones legales para deshacer la venta de los derechos a Breyer y prohibir que se tocara «La cumparsita» con letras o verso que no fueran los que el mismo Matos había firmado. Esa nueva letra, que fue depositada en la Biblioteca Nacional el 9 de noviembre de 1926, fue llevada al disco por el cantor Roberto Díaz. Muerto Pascual Contursi, su viuda, Hilda Briano y Maroni iniciaron acciones legales por daños y perjuicios contra Matos Rodríguez por reconocimiento de derechos como coautores de la obra en cuestión. Fue un larguísimo pleito que se resolvió cuando también Matos Rodríguez había muerto, en 1948.

No fue poca la producción autoral de
Matos Rodríguez aunque sólo algunos de sus temas hayan alcanzado difusión. En el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil de la Argentina, bajo Nº 29703 del año 1948, se encuentra el expediente con la pericia realizada por Homero Manzi, en representación de SADAIC, a los efectos de establecer el valor patrimonial.

La nómina completa de las obras registradas son 70, entre las que se cuentan
«Che papusa oí», «Te fuiste ja ja», «Mocosita», «La muchacha del circo» y «Adiós Argentina». «De 1948 en adelante mi familia recibió dinero por los derechos de 'La cumparsita', que se destinó a la formación de la familia y los casamientos», comentó Infantozzi.

Matos Rodríguez,
ante la negativa de su amigo Víctor Soliño a versificar la obra, escribió una letra de tango, que tuvo en su momento bastante difusión. Pero la obra alcanzó su esplendor cuando Gardel grabó la letra de Contursi y Maroni. Las interpretaciones más famosas fueron las de Roberto Firpo y su cuarteto, las clásicas de Aníbal Troilo y Juan D'Arienzo, la vanguardista de Astor Piazzolla, la del Primer Cuarteto de Cámara del Tango y la del cuarteto Troilo-Grela.

Sobre «La cumparsita» se hizo una película en Buenos Aires con Hugo del Carril y en diferentes grabaciones se incluyó en dos películas de Billy Wilder, «Una Eva y dos Adanes» (donde la bailó Jack Lemmon vestido de mujer), «El ocaso de una vida» y en «Alice», de Woody Allen, entre tantas otras.

«Estoy investigando cuántas versiones diferentes de «La cumparsita» han aparecido en cine y ya tengo más de 226 películas. Y me falta Europa del Este, que cuando se busca música argentina de tango siempre aparece como motivo obligado 'La cumparsita'»
, señaló Infantozzi, y terminó diciendo: « Al fin y al cabo, no me molesta que los argentinos se apropien de las canciones, porque al menos las difunden, las reinventan».

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