6 de marzo 2002 - 00:00
Molière y Piazzolla, juntos en la escena
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Periodista: Usted eligió al elenco en octubre del año pasado con el compromiso de iniciar los ensayos en enero ¿No le dio miedo volver a la Argentina?
Jacques Lasalle: A decir verdad, las imágenes de la televisión y los comentarios de la prensa eran un poco alarmistas. Yo estaba en Suiza montando el «Don Juan» que después irá a París, entonces mi mujer y algunos amigos me dijeron: «¿Te vas a ir igual?». Para mí es importante hacer teatro en otros países y en relación a la Argentina yo ya tenía un compromiso y creo que no es para nada admisible que uno desaparezca en los momentos difíciles. Además me sentía intrigado y curioso porque creo que nunca unimos lo suficiente al mundo del teatro con nuestra propia presencia en el mundo. Seguramente éste es un momento muy difícil para la Argentina, pero en todas partes del mundo encuentro dificultades, sólo que acá todo parece más evidente y ejemplar.
P.: ¿Por eso quiso ambientar la obra en Buenos Aires?
J.L.: Me interesa poner en tensión «El misántropo» con este presente incierto, inquieto y a la vez apasionante. Por primera vez hice lo que no suelo hacer, actualizar un poco la obra. Creo que así va a tener un carácter menos intimidante para el público. La acción pasó del siglo XVII al Buenos Aires de los años '30. Es una sociedad privilegiada, ociosa y muy cosmopolita, que para nosotros los europeos es un poco mítica. Pienso en Gardel, Fangio, Borges... en la obra aparece un cuadro de Xul Solar.
J.L.: No mucho, sólo las obras del San Martín y eso me llevó a tratar de comprender y superar ciertas características de la tradición actoral argentina que me chocaron un poco.
P.: ¿Por ejemplo?
P.: Hablando de actores ¿Cómo le fue con Depardieu?
J.L.: Fue una aventura muy feliz durante el trabajo, porque él en esa época (año 1983-84) era un actor muy riguroso, pero después del estreno todo se hizo más complicado porque Depardieu pertenece al star system y tiene otra manera de ver las cosas.
P.: ¿Con Isabelle Huppert le fue mejor?
J.L.: Ah, sí. Después de que la dirigí en «Medea», hará tres años, nos hicimos muy amigos. Ella es muy inteligente y sabe exactamente lo que quiere y con quién hacerlo.
P.: ¿No tiene vicios de diva de cine?
J.L.: No. Es una gran actriz de cine y la primera en decir que nunca tiene una sorpresa en el cine porque sabe exactamente lo que esperan de ella, pero que en teatro todavía se siente como una colegiala y es por eso que lo ama tanto. Entonces, tiene una exigencia, un coraje, una modestia y un humor formidables para trabajar con ella. Es una actriz de un gran mundo interior que consiente a su monstruo interno y eso es precisamente lo que yo más amo en una actuación.
P.: ¿Cómo resumiría su visión de «El misántropo»?
J.L.: Es una gran pieza política, donde la sociedad de Luis XIV está cuestionada desde muy cerca y en todas sus dimensiones y también es una gran historia de amor. No la de un hombre que se equivocó de mujer, sino la de un hombre que quiere que esa mujer abandone todo por él. Y es la historia de una mujer que ama apasionadamente a ese hombre, pero como ya estuvo casada cuando era muy joven y ahora es viuda, tiene una inmensa necesidad de libertad.
P.: ¡Y después dicen que Molière era misógino!
J.L.: Hay muchos malentendidos alrededor de Molière y, sin embargo, ha dado dado algunos de los personajes femeninos más ricos del teatro, Elvira en «Don Juan», Elmira en «Tartufo», Alcmena en «Anfitrión», Celimena en «El misántropo» y muchos otros de una modernidad increíble, si es que nos ocupamos de verla.



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