13 de junio 2005 - 00:00
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Mientras sigue con las funciones de «De cirujas, putas y suicidas
», la actriz vuelve al unipersonal («un género difícil porque
si la crítica da palos, los recibo yo sola»), como codirectora
y protagonista.
P.: ¿Qué la atrajo tanto de «Te voy a matar, mamá» como para volver a exponerse a posibles «palos»?
M.V.: Me interesó el tema de la culpa en el vínculo con la madre. Es un tema ancestral y universal... ¿de qué está compuesta la humanidad si no es de madres e hijos?
P.: Rovner ya creó una inolvidable idishe mame en « Volvió una noche» ¿Qué características tiene esta madre?
M.V.: En realidad, no se sabe muy bien como es esta madre, pero mi personaje la ve como un monstruo que le arruinó la vida y le echa la culpa de todo lo que no pudo concretar. Pero aunque esa madre haya tenido algo de monstruo, cuando uno ve que esta mujer le sigue endilgando todos sus males, termina pensando: «¡Pobre madre!». Esta mujer es soltera y empezó muchas cosas pero nunca las terminó. Lee muchos libros de autoayuda y hace cursos de terapias alternativas como un intento de resolver sus conflictos. Todo esto está contado desde el humor, porque a ella lo único que le interesa es descubrir la mejor manera de matar a su madre.
P.: Es un personaje totalmenteopuesto al que encarna en «De cirujas, putas y suicidas».
M.V.: Sí, «la tuerta» es divina, yo la adoro, porque tiene ternura, malicia y mucho desenfado. Es la primera vez que hago una prostituta en teatro y con Lía Jelín buscamos alejarla de los clichés habituales. A mí me parecía que tenía que tener mucho carácter, de pronto ser un poco prepotente, y pelear por sus principios y su dignidad. Lía, por su parte, fue llevándome a un mayor desenfado físico que me costó muchísimo porque soy muy pudorosa, siempre trato de pasar desapercibida. Para mí fue terrible tener que moverme de esa manera y -como dijo alguien la noche del estreno-«mostrar la bombacha». En realidad no la muestro porque llevo una malla de baile, pero bueno hay que acostumbrarse a abrir las piernas así. Y yo le decía: «¡Ay Lía, tengo 50 años!». «¡Pero quedate tranquila! Confiá en mí, no te voy a hacer pasar ningún papelón».Y tenía razón, todo salió bárbaro y ya vamos por la segunda temporada.
P.: Hasta ahora siempre habíahecho mujeres muy sufridaso al borde del ataque de nervios como en «Esperando la carroza».
M.V.: Ese personaje me dio muchísimas satisfacciones y me las sigue dando. El viernes pasado reestrenaron la película en Madrid y no en un festival sino que fue un lanzamiento comercial que incluyó otras diez ciudades españolas. Dicen que para ciertos grupos es una película de culto, por eso unos productores españoles decidieron reestrenarla para ver qué pasaba.Yo estuve a punto de viajar para el estreno pero al final no pude por mis compromisos con el teatro, pero parece que el estreno fue un éxito.




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