25 de julio 2005 - 00:00
Montevideo, y un permanente vigor cultural
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En el espacio Oscar Prato, dedicado a los grandes maestros del arte uruguayo, actualmente se exponen obras de Julio Alpuy.
Es decir, Alpuy, que en 1960 partió para Nueva York, encontró allí su propio discurso y realizó una serie de maderas que hasta ahora no se habían visto en su país. Así, la gracia de la muestra reside en el diálogo que entablan las pinturas y dibujos que ostentan la influencia del maestro, y las obras donde Alpuy -aunque fiel al espíritu uruguayo-, se libera de ese esquema y crea su sensual iconografía con maderastrabajadas como arcilla. En Montevideo resulta más fácil que en otras urbes encontrar el peso y la influencia del pasado. El Museo Torres García, muestra a través de un breve pero intenso recorrido, desde un pequeño óleo de 1897, hasta el encuentro casi al final de la vida del artista, con la estética indoamericana, pasando por la búsqueda de un lenguaje universal, el de los símbolos (el pez, la campana, el sol, el reloj y el resto de su iconografía), que suscita evocaciones y despiertan la memoria de casi todos los hombres de todas las culturas.
En esta última década, las colecciones de arte que persiguen afanes didácticos cobraronsu merecido protagonismo.El Museo de Historia del Arte reúne en el subsuelo del Palacio Municipal, la mayor cantidad y variedad de calcos de grandes obras de la humanidad de toda Latinoamérica, y cuanto concluya la obra arquitectónica inaugurará una sala para Miguel Angel y podrá abarcar un período que llega hasta el Barroco.
• Colecciones
Además, el Museo posee varias colecciones de arte precolombino, que salvo la réplica de una cabeza Olmeca y otras excepciones, son originales. Así, una visita a cargo de su director, Gustavo Ferrari, permite dar la vuelta al mundo en menos de tres horas y, sobre todo, valorar la calidad y diversidad del arte prehispánico, y constatar la influencia que ejerce en Uruguay a partir de la década del 40.
Claro, para que el panorama sea completo, es preciso visitar el Museo Blanes que dirige Gabriel Peluffo, y el Museo de Artes Visuales que dirige Angel Kalemberg, donde se preserva como un tesoro el arte que llegó de Europa y las obras excepcionales de Barradas, Figari, Cúneo, entre otros excepcionales artistas del Uruguay. En suma, una pequeña gira por demás recomendable, ajena al mundo de los megaeventos que con su dimensión abrumadora y la sobrecarga de estímulos, terminan anestesiando la sensibilidad del espectador desprevenido. Es que Montevideo muestra un mundo todavía abarcable por el hombre, que brinda tiempo a la reflexión y permite vislumbrar la trama que ata el más remoto pasado con el presente.


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