25 de julio 2005 - 00:00

Montevideo, y un permanente vigor cultural

En el espacio Oscar Prato, dedicado a los grandes maestros del arte uruguayo, actualmente se exponen  obras de Julio Alpuy.
En el espacio Oscar Prato, dedicado a los grandes maestros del arte uruguayo, actualmente se exponen obras de Julio Alpuy.
Montevideo (Enviada especial) - Como ofreciendo resistencia a la urgencia de los tiempos que corren, la ciudad mantiene su estilo apacible, aún colmada por el bullicio que en estos días impone el turismo. Pero, a pesar de la parsimonia uruguaya -acaso su mayor encanto- y a pesar, también, de que los recursos no abundan, en Montevideo se advierte que los planes y proyectos culturales de vieja data, prosiguen con el nuevo gobierno.

Un buen ejemplo, es la restauración del Teatro Solís y su estupendo edificio neoclásico, que a partir de agosto presentará una temporada de ópera con cantantes uruguayos que han triunfado en el exterior. Con un costo de 14 millones de dólares, con su flamante foyer, sus nuevos camarines, un sólido escenario y una sala con 1250 butacas, los frescos del uruguayo Carlos María Herrera y el argentino Pío Collivadino, además de centenares de apliques y arañas de Bacarat que brillan como diamantes, el Solís acaba de recuperar el esplendor del pasado. Una de las alas laterales del edificio albergará un restaurante y, en la otra avanza la restauración del Museo, que exhibe en la actualidad una muestra de Margarita Xirgu.

Luego, como referente de la contemporaneidad, en el corazón de la ciudad se encuentra el más importante Centro Cultural de España en Latinoamérica. El edificio de cuatro plantas, en sus orígenes una ferretería fundada en 1870, fue reciclado por el arquitecto Rafael Lorente que resguardó su arquitectura, su bello patio central y la dulce luz cenital de una inmensa claraboya. Las antiguas vidrieras están hoy intervenidas con las atrayentes bandas de colores transparentes del artista Fernando López Lage, que imprimió el mismo dinamismo al café y la bien provista sala de lectura.

Desde el 12 de julio la exposición «13 por 13», o sea, trece artistas elegidos por trece curadores uruguayos, posibilita explorar el rumbo del arte más actual. Allí figuran la excelente video-performance que Pablo Uribe presentó en la última Bienal del Mercosur y las fotografías que con idéntico formato tomó Fidel Sclavo en Madrid y Montevideo, junto a los colores terrosos que son la marca registrada los pintores de este país, afianzados en un mueble-objeto de Ignacio Iturria y en las expresivas formas de Analía Sandleris.

Entretanto, en el subsuelo, se exhibe la impecable y compleja instalación de Ana Tiscornia, talentosa artista que reside en Nueva York, mientras preparan una muestra del célebre Antoni Muntadas.

A pocos pasos del CCE, en una casona de 1840 que preserva su fachada y algunas paredes originales de ladrillo a la vista, el galerista Oscar Prato abrió hace dos años un espacio dedicado a los grandes maestros de arte uruguayo.La exposición de Julio Alpuy (al igual que la de Matto que inauguró la galería), muestra uno de los mejores exponentes del fructífero Taller creado por Joaquín Torres García.

Es decir,
Alpuy, que en 1960 partió para Nueva York, encontró allí su propio discurso y realizó una serie de maderas que hasta ahora no se habían visto en su país. Así, la gracia de la muestra reside en el diálogo que entablan las pinturas y dibujos que ostentan la influencia del maestro, y las obras donde Alpuy -aunque fiel al espíritu uruguayo-, se libera de ese esquema y crea su sensual iconografía con maderastrabajadas como arcilla. En Montevideo resulta más fácil que en otras urbes encontrar el peso y la influencia del pasado. El Museo Torres García, muestra a través de un breve pero intenso recorrido, desde un pequeño óleo de 1897, hasta el encuentro casi al final de la vida del artista, con la estética indoamericana, pasando por la búsqueda de un lenguaje universal, el de los símbolos (el pez, la campana, el sol, el reloj y el resto de su iconografía), que suscita evocaciones y despiertan la memoria de casi todos los hombres de todas las culturas.

En esta última década, las colecciones de arte que persiguen afanes didácticos cobraronsu merecido protagonismo.El Museo de Historia del Arte reúne en el subsuelo del Palacio Municipal, la mayor cantidad y variedad de calcos de grandes obras de la humanidad de toda Latinoamérica, y cuanto concluya la obra arquitectónica inaugurará una sala para Miguel Angel y podrá abarcar un período que llega hasta el Barroco.

• Colecciones

Además, el Museo posee varias colecciones de arte precolombino, que salvo la réplica de una cabeza Olmeca y otras excepciones, son originales. Así, una visita a cargo de su director, Gustavo Ferrari, permite dar la vuelta al mundo en menos de tres horas y, sobre todo, valorar la calidad y diversidad del arte prehispánico, y constatar la influencia que ejerce en Uruguay a partir de la década del 40.

Claro, para que el panorama sea completo, es preciso visitar el Museo Blanes que dirige
Gabriel Peluffo, y el Museo de Artes Visuales que dirige Angel Kalemberg, donde se preserva como un tesoro el arte que llegó de Europa y las obras excepcionales de Barradas, Figari, Cúneo, entre otros excepcionales artistas del Uruguay. En suma, una pequeña gira por demás recomendable, ajena al mundo de los megaeventos que con su dimensión abrumadora y la sobrecarga de estímulos, terminan anestesiando la sensibilidad del espectador desprevenido. Es que Montevideo muestra un mundo todavía abarcable por el hombre, que brinda tiempo a la reflexión y permite vislumbrar la trama que ata el más remoto pasado con el presente.

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