19 de mayo 2004 - 00:00

"Mucho caradura abrazó ideas para beneficiarse"

Para Luis García Montero cuando la poesía renuncia al lector, como la de quienes confunden calidad con dificultad, acaba oliendo a cerrado.
Para Luis García Montero cuando la poesía renuncia al lector, como la de quienes confunden calidad con dificultad, acaba oliendo a cerrado".
Octavio Paz fue uno de los primeros en señalar a Luis García Montero ( Granada, 1958) como una de las voces más interesantes de la lírica contemporánea. Ensayista, doctor en Letras y catedrático de Literatura Española, García Montero es uno de los poetas más galardonados de España; por su libro «La intimidad de la serpiente», se le otorgó en 2003 el Premio Nacional de la Crítica. Dialogamos con él en su visita a Buenos Aires.

Periodista:
¿Por qué hoy la poesía se lee tan poco?

Luis García Montero: La poesía vivió una etapa de crisis en la consideración social y, poco a poco, fue quedando como un género marginal. Hay causas y responsables. Una, fundamental, la han tenido los poetas que se han ido encerrando en sus obsesiones y, vanagloriándose de su inutilidad, se han dedicado a experimentar. Hicieron de la poesía la invención de un lenguaje ajeno al de la sociedad. Se dedicaron a escribir para poetas en vez de para lectores. Claro, si la poesía no trata de temas que le interesan a la gente, no se le puede pedir a la gente que se interese en la poesía. Y no estoy defendiendo esa poesía populísta que se rebaja para llegar a todos los niveles, poesía basura semejante a la TV basura. Propongo la máxima calidad al servicio de la defensa del lenguaje, con temas que preocupen, para volver a tener lectores. Hay que recuperar la gran tradición de la poesía hispánicaque en la primera mitad del siglo XX dio nombres fundamentales en España conocidos en Latinoamérica, y maestros latinoamericanos muy conocidos en España.

P.: Para el poeta irlandés Seamus Heaney, ganador del Nobel de Literatura, la importancia de la poesía radica en que ningún otro texto, en tan breve espacio, en tan poco tiempo de lectura, ofrece tanto...

L.G.M.: La poesía abre los ojos y la conciencia. El gusto por la palabra precisa es la reivindicación de la conciencia individual. Esto es fundamental en una época de homologación donde la gente es unificada por la moda. Cuando se acepta que la poesía es de un gueto y que deje de intervenir en la realidad, se ha renunciado a hacer una realidadllena de conciencia, de individualidad, de singularidad. El poeta debe defender el lenguaje como una plaza pública donde todos podamos acudir a compartir nuestra mirada individual. Si devolvemos dignidad al concepto de lo útil, toda lectura lo es, la poesía agrega a esa utilidad el ser la manifestación por excelencia del individualismo.


• Originalidad

P.: ¿Por qué subraya el carácter individualista de la poesía?

L.G.M.: Para escribir poesía hay que tener mucho orgullo porque se está defendiendo la propia mirada en un universo de cierta hostilidad. Pero si al orgullo se le quita la humildad de la poesía, del laborioso trabajo para producir unos pocos versos, queda una cosa hueca que sólo es pedante y retórica. Deja de ser una manifestación del verdadero individualismo, que es aquel que, asumiendo la tradición, suma la propia originalidad.


P.:
Usted suele destacar lo trabajoso de hacer poesía...

L.G.M.: El buen salvaje que, poseído por los dioses, recita poemas ha sido sustituido por el autor que toma en serio su trabajo. Si los poetas queremos ser tomados en serio debemos reivindicar el esfuerzo, la inteligencia, la laboriosidad y las horas de escritura del mismo modo que lo hace un ensayista o un novelista. El poema no es una ocurrencia, es oficio y saber. No se trata de ser impertinente, andar disfrazado de genio o verse dueño de esa verdad que va a iluminar a todos. Son más efectivos y peligrosos los ciudadanos que toman conciencia de su mirada que los brujos de la tribu, los profetas y los santos.


P.:
En el siglo XX hubo muchos poetas que se consideraron faros de la sociedad...

L.G.M.: Aprendimos a desconfiar de los que dicen cómo tenemos que vivir o qué tenemos que pensar. Dirigir como un faro a la sociedad es algo ridículo. La poesía no va a cambiar el mundo, pero puede cambiar la vida de un lector, por eso para mí es una apuesta ética a despertar y enriquecer la conciencia de otro.


P.:
Además, Pablo Neruda o Nicolás Guillén con sus odas a Stalin iluminaban a un dictador y ocultaban el gulag...

L.G.M.: La historia reitera sus lecciones. Hay faros que iluminaron mal y llevaron al naufragio. La poesía política está muy desprestigiada porque se ha escrito muy mala poesía en nombre de buenas ideas, que resultó que no lo eran. También ha hecho que mucho caradura abrazara esas banderas para caer bien a un sector y beneficiarse. La poesía no se embandera, es expresión de la propia soledad como territorio de independencia que permite establecer el diálogo con otros. Es muy cómodo diluir la propia conciencia en banderas ajenas, pero el poeta ha aprendido que no puede ser portavoz de ninguna ideología si quiere abrir con responsabilidad el diálogo con el lector.

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