13 de septiembre 2001 - 00:00

Murió ayer Carmen Rico-Godoy

Carmen Rico-Godoy .
Carmen Rico-Godoy .
Murió ayer en Madrid, a los 62 años, la periodista y escritora Carmen Rico-Godoy, que alcanzó la popularidad a los 50 años con su primer libro «Cómo ser mujer y no morir en el intento», un bestseller de los años '90 que tuvo su continuación en «Cómo ser infeliz y disfrutarlo», obras que se convirtieron en piezas de referencia para muchas mujeres de hoy.

Ambas novelas fueron llevadas al cine; la primera, dirigida por la actriz Ana Belén; y la segunda, por Rodrigo Urbizu, con Carmen Maura y Antonio Resines en los papeles protagónicos. Rico-Godoy publicó luego «Cuernos de mujer», que también fue llevada al cine por Urbizu. En 1996, publicó su primer libro de cuentos, «La costilla asada de Adán». Y en 1999 volvió a la popularidad con su libro «Cortados, solos y con (mala) leche», donde sostenía que «toda persona soltera o casada es un separado en potencia».

Nacida en París el 30 de agosto de 1939 debido al exilio de su madre, una famosa periodista republicana, mientras su padre quedaba en prisión en España, Rico-Godoy regresó a Madrid en 1949, donde realizó sus estudios primarios, secundarios y terciarios, que continuó en Estados Unidos, para licenciarse en Ciencias Políticas.

Amable y divertida siempre, con un humor que le impedía tomarse en serio su feminismo, Carmen Rico-Godoy vivió durante un tiempo en Buenos Aires, entre 1967 y 1971, donde colaboró con varios diarios y revistas, y solía vérselas siempre con el vanguardista creador teatral brasileño Augusto Boal. De regreso a España, comenzó a colaborar en la revista «Cambio 16» y fue considerada uno de los símbolos de la transición a la democracia.

Por ese tiempo, se casó con Andrés Vicente Gómez, productor dueño de la compañía cinematográfica Lola Films, desde hace años su ex marido, quien informó a la prensa de su muerte. En su vida, Rico-Godoy había desempeñado los más diversos trabajos, desde enfermera hasta traductora, desde profesora hasta secretaria. Ninguno le impidió continuar de escribir.


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