El austro-argentino Carlos Kleiber, una de las batutas más prestigiosas del siglo XX.
Liubliana (AFP, ANSA, Reuters) - A los 74 años murió en esta ciudad el famoso director de orquesta austro-argentino Carlos Kleiber, tras una larga enfermedad. Su deceso se comunicó recién ayer aunque se produjo el pasado 13 de julio. Carlos Kleiber, hijo del no menos célebre director Erich Kleiber, nació el 3 de julio 1930 en Berlín. Cuando tenía 5 años, su familia se trasladó a la Argentina, escapando del nazismo que se hacía poderoso en Austria y Alemania.
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Fue en Buenos Aires, durante aquellos años, que Carlos Kleiber hizo sus primeros estudios musicales. Tras haber perdido su nacionalidad austríaca y convertirse en ciudadano de honor en la Argentina, recuperó su nacionalidad de origen recién en 1980. Kleiber hizo su debut como director orquestal en 1952 en el Teatro Argentino de La Plata antes de partir a Suiza para estudiar química, por insistencia de su padre, aunque retomó la carrera musical en 1954.
A partir de 1956 dirigió la Opera de Düsseldorf y, más tarde, hizo lo mismo en Stuttgart. Debutó con gran éxito en Gran Bretaña en el Festival de Edimburgo en la década del 60 y también se destacó, desde su primera presentación en Estados Unidos, con la ópera «Otelo» de Giuseppe Verdi. Durante su amplia carrera dirigió en los principales teatros de Europa y en 1977 debutó en la Scala de Milán con «El caballero de la rosa» de Richard Strauss. Ambas óperas eran sus caballitos de batalla.
La intransigencia fue el punto común entre el padre y el hijo. Aunque no era judío, Erich, director general de música de la Opera de Estado de Berlín entre 1923 y 1934, consideró que era su deber oponerse a las leyes racistas de los nazis. A diferencia del padre, que se consideraba como un misionero del repertorio alemán, el hijo se opuso toda su vida a prodigar sus apariciones, aun a riesgo de vivir humildemente. Estos últimos años, las actividades en la ópera y el concierto eran cada vez más raras. Adorado por los melómanos, Kleiber solía rodearse de misterio. Jamás dio un reportaje en toda su vida. «Con él desaparece el más grande director de orquesta de muestra época» declaró ayer Joan Holender, director artístico de la Opera de Estado de Viena, donde Kleiber dirigió durante varias temporadas. Franco Zeffirelli lamentó la muerte de un amigo «con el que se trabajaba en total alegría» y con el que «a menudo pasábamos inolvidables vacaciones en mi casa de Positano». Zeffirelli negó que Kleiber tuviese mal carácter: «nunca nos peleamos y nuestra relación estuvo siempre basada en la amistad y en la confianza». Recordó una anécdota de cuando hicieron juntos una «Carmen» en la Opera de Viena en 1978 y la orquesta empezó a ensayar la partitura al ver que Kleiber no llegaba. «Cuando lo hizo, siguió el ensayo en silencio y al terminar felicitó a los músicos y les dijo que no precisaban un director, luego de lo cual se marchó y tuve que ir a buscarlo al aeropuerto».
Su última aparición fue en febrero de 1999 en Cagliari, Cerdeña, donde dirigió las sinfonías Cuarta y Séptima de Beethoven.
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