La explosión del baile, pero en islas de hasta seis personas

Espectáculos

"Es lo que hay", dice Mario Gusso cuando ve la alegría tan restringida, pero celebra el regreso presencial del show.

Desde la semana pasada se presenta ¨La bomba de tiempo¨ en el patio de Ciudad Cultural Konex, un clásico que se repitió durante 14 temporadas todos los lunes, y se vio interrumpido por la pandemia. Habrá hoy una nueva función al igual que el lunes próximo a las 20. Por supuesto, ahora con formato ad hoc: se hace en islas de 4 a 6 personas distribuidas en el espacio. “La bomba de tiempo” comenzó como un grupo de percusión e improvisación a través de un lenguaje de señas creado por Santiago Vázquez y se convirtió en un ritual al que asistían 2000 personas por función, para bailar y formar parte de la fiesta colectiva. Dialogamos con Mario Gusso, integrante de la agrupación.

Periodista: ¿Cómo vivieron el regreso a la presencialidad?

Mario Gusso: Después de estar parados todo el año la vuelta fue una fiesta. La cultura es una de las actividades que más sufre todo esto y sobre todo los espectáculos masivos como el nuestro. Son los que podrán volver a la normalidad en último lugar. Valoramos haber regresado a tocar en vivo con público aunque sea poco, con protocolo e islas. A decir verdad, es raro ver a la gente como encerrada en esos corralitos pero es lo que hay, y agradecemos estar.

P.: La “Bomba” siempre fue un ritual colectivo cercano a lo espontáneo, ¿cómo se adaptaron a la rigidez del protocolo y esos corralitos?

M.G.: Encasillarnos como sólo un show de percusión o música en vivo es muy limitado. Esto es un acontecimiento social, es un encuentro de personas que con la excusa de ver percusión improvisada y tambores en vivo logra una simbiosis festiva; saca lo que tiene adentro. Cada uno baila como quiere, como le sale, es una reunión donde te encontrás con amigos, es más que un show o recital. Y para volver nos adaptamos a lo que el protocolo exige, toma de fiebre, uso de tapabocas y corralitos de no más de 6 personas.

P.: ¿Cómo vivió esta cuarentena vía streaming?

M.G.: La “Bomba” en pantalla queda chico para todo lo que es el contexto de estar ahí en vivo, porque el show no es sólo el grupo arriba sino el público abajo; es un todo, y con el streaming se pierde la mitad. La otra mitad es la gente bailando, saltando, divirtiéndose con lo que pasa sobre el escenario. Igualmente cuando hicimos el streaming fue una alegría reencontrarnos luego de haber estado parados. En cuanto al aforo reducido también fue raro, porque siempre convocamos unas 2000 personas cuando ahora se permite hasta 300. De nuevo, es lo que hay.

P.: ¿Cómo afrontaron la imposibilidad de hacer shows en vivo?

M.G.: Fue difícil para todos porque muchos no estaban preparados para la virtualidad. Algunos tuvimos más suerte ya que tener home studio y clases virtuales nos hizo morigerar lo económico con la pandemia. Hubo parte de ayuda estatal, escasa, pero suma y se valora. La cultura fue una de las más golpeadas, imagino que también el turismo y otros sectores del comercio, pero la cultura siempre es un eslabón frágil en la sociedad porque es lo primero que uno recorta con problemas económicos. Encima el problema de juntarse siendo espectáculo masivo de mucho contacto. Teníamos turistas y eso también nos afectó, fue un caos. Se hizo lo que se pudo.

P.: Los teatros y espacios culturales como ámbitos seguros es el lema del sector para que no se vuelva a cerrar, ¿qué opina?

M.G.: Que lo son si se cumplen los protocolos. Tenemos estricto cumplimiento porque queremos resguardar nuestro poco trabajo; no vemos otra forma de hacerlo que cuidándonos y cuidando al público. Nosotros sobre el escenario, camarines, y el público con protocolos de salida y entrada, que no se acumule, el cuidado con el bar. Los funcionarios hacen lo que pueden, no quisiera estar en sus zapatos. No hay que dejar toda la responsabilidad en la gente porque no es muy responsable, necesita que se le marquen seguido ciertas reglas, cada uno se mira su ombligo y no piensa en el otro pero es un mal que viene de mucho tiempo.

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