El escenario del Movistar Arena es una hoja en blanco sobre la que se escribirá la historia de una artista que une a públicos tan distintos como los universos que construye en su discografía. Las luces se apagan y el crujido de unos caños de escape acelerando da pie para que un grupo de personas aparezcan en el escenario con unos cascos LED blancos. Llegó la reinona de las motomami. Pensar en géneros musicales o en formatos de shows en vivo tradicionales no aplica para la Rosalía, y así ella lo recuerda al iniciar su show de 2 horas y más de 30 temas con “Saoko”: ‘yo soy muy mía, yo me transformo’.
Rosalía, a toda velocidad con la "Motomami" en el Movistar Arena
La artista catalana aterrizó en la Argentina con su Motomami World Tour y en su primer Movistar Arena se valió del minimalismo para llorar, reír y perrear junto a 15.000 personas.
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Cerrando la noche, llegó un regalo de Rosalía con la presentación de un tema nuevo que aún no salió a la luz (“AISLAMIENTO”) .
La noche sigue con el reggaeton nostálgico de “Candy”, el meme pegadizo de “Bizcochito” y la bachata alternativa de “La fama”. Con el público ya incendiado, Rosalía se cuelga una guitarra eléctrica (el único instrumento de cuerda que aparecerá en la noche) para recitar la melancolía de “Dolerme”.
“Hará unos tres añitos que yo vine aquí por primera vez, era la primera actuación de la anterior gira, El Mal Querer, la abrimos aquí. Y me acuerdo de tener la sensación de que, de golpe, por primera vez en mi vida, fuera del lugar en el que yo estoy, me acogían así. Me acuerdo mucho, mucho del cariño que me disteis, de que estabais cantando: ‘Me da miedo cuando saaaleees’...”, empezó a entonar Rosalía mientras se quebraba al notar que el Movistar Arena podía encargarse de cantar el tema sin ayuda alguna.
Al rato, comenzó a hablar con el público cercano y leer los carteles que la rodeaban. “Rosalía, ¿me firmarías el culo?” citó entre risas la catalana. Aquella petición estuvo cerca de ser satisfecha, pero enseguida llegó otra que sí fue concretada: “Rosa, ¿cantarías unos versos de “Alfonsina y el mar?”. “Fue una de las primeras canciones que aprendí”, contó la joven de 29 años.
Cada canción era un videoclip grabado en vivo por un camarógrafo que formaba parte de la espectacular coreografía de los bailarines queer. Luego de bajar con el público para cantar con ellos “La noche de anoche” regresó al escenario enfundada en una bandera nacional que le regaló una fan antes de cortarse extensiones y limpiarse el makeup para “Diablo”. También dijo mucho sin hablar al atarse al cuello el pañuelo verde en favor del aborto legal, seguro y gratuito que le tiraron desde el campo, poco antes de twerkear para “La Combi Versace”.
No solo no hizo falta de una banda o de una escenografía maximalista para reflejar el último proyecto de la catalana, no se necesitaba. Todo eso distrae al espectador de lo más importante y del núcleo de la Rosalía: su voz y su coreografía. El show en vivo fue planeado como una extensión performática del disco bajo el lema “menos es más”. Los ocho bailarines queer lograron sostener y potenciar a la artista, quien les cedió protagonismo en distintos momentos, como cuando formaron una moto humana para que ella se monte en “Motomami”, o cuando tiraron besos a cámara haciéndose cargo de los versos de “Linda”.
“Motomami” también es un proyecto que homenajea a clásicos del reggaeton como Daddy Yankee y Wisin. En el vivo esto se potencia cuando se da un tiempo para reversionar un clásico del género: “Perdóname” (La Factoría). Continuó con “Relación”, “TKN” y “Yo x tí, tú por mí”. Sin embargo, el baile llegó a su pico cuando largaron la pista de “Despechá” y el público rompió sus gargantas en el último hit de la catalana. A la vez la cantante invitó al escenario a tres fans argentinas que tuvieron la suerte de no solo bailar, sino también de cantar con Rosalía.
Ya cerrando la noche llegó un regalo con la presentación de un tema nuevo que aún no salió a la luz (“AISLAMIENTO”) y un remix de “Blinding Lights”. No podía faltar el primer éxito “MALAMENTE” antes de “despedirse” del Movistar Arena para retirarse por unos minutos del escenario y volver en monopatín junto a sus bailarines para perrear con “Chicken Teriyaki” y “Con altura”. Con su voz poderosa y su habilidad para quebrarla y transmitir dolor entonó “Sakura” para luego cerrar bien arriba con la locura carioca de “CUUUUuuuuuute”.
Con las lágrimas en los ojos y la sonrisa llena de amor, Rosalía se despidió con humildad y simpleza de su primer Movistar Arena.









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