29 de marzo 2006 - 00:00

Nada peor que un detective aburrido

Nada peor que un detective aburrido
Henning Mankell «La pirámide» (Barcelona, Tusquets, 2005, 402 págs.)

Entre los muchos detectives que ha dado la novela policial, el sueco Kurt Wallander no es de los que más se destaque por su audacia, inteligencia o savoir vivre. Carece de la ironía de sus colegas literarios, sufre el desprecio de su padre (precisamente por ser policía), se deprime si no trabaja y ni siquiera come como Pepe Carvalho, que entre crimen y crimen prepara unas regias paellas regadas con buen vino chablis.

Wallander es un hombre de cuarenta y pico ( divorciado muy a su pesar de una peluquera mandona y posesiva) que de tanto en tanto se tortura pensando que es demasiado sentimental para su oficio de policía. En su país de origen, Wallander es considerado casi un héroe nacional ya que sus historias reflejan la fuerte escalada de inseguridad, drogadicción y violencia que comenzó a padecer Suecia en las tres últimas décadas, dejando atrás un pasado idílico en el que todo era calma y seguridad.

Los relatos reunidos en «La pirámide» responden, según el autor, a la inquietud de sus muchos fans, interesados en saber qué tipo de vida llevaba Wallander antes de pertenecer a la brigada judicial. El autor recuperó de sus cajones cinco relatos inéditos que muestran al protagonista en sus primeros años de profesión, lleno de dudas y complejos.

Entre las muertes que debe resolver en esta etapa figuran el misterioso suicidio de su vecino de piso, el crimen de una anciana en manos de un indocumentado procedente de Sudáfrica, y el de un fotógrafo que en sus ratos libres utilizaba su arte para deformar los retratos de políticos y personajes influyentes. Lo primero que descubre el policía es que su rostro también forma parte de esa colección de «monstruos». El caso del envenenado que muere durante un viaje en taxi no tiene un desarrollo interesante, y en verdad todas las historias de este libro se demoran en diálogostriviales o en descripciones de poco vuelo.

Si bien cada crimen se presenta como un nuevo acertijo, la abulia del policía hace que todo resulte demasiado reiterativo (su aburrimiento existencial, las peleas con su padre, su insufrible mediocridad). Y eso que entre una investigación y otra media una década; pero ya sea a los veinte, a los treinta o a los cuarenta el tipo sigue siendo un aburrido.

Patricia Espinosa

Dejá tu comentario

Te puede interesar