Kaufman y el eterno resplandor de una mente llena de recuerdos

Espectáculos

Al igual que sus obras anteriores, la nueva vuelve a jugar con las identidades de los personajes y el tiempo.

“Pienso en el final” (“I’m Thinking of Ending Things”), nuevo largometraje de Charlie Kaufman, acaba de estrenarse en Netflix y ya divide las aguas entre sus primeros espectadores. ¿Genialidad o despropósito? En buena medida, depende de cada uno, porque hay despropósitos (que esta película tiene, y muchos) que terminan convirtiéndose en genialidades.

Dicho de otra forma: si usted sólo acepta las historias lineales, lógicas, donde no se modifican las identidades de los personajes ni el orden temporal en el que éstos se mueven, no pierda ni un segundo: Netflix está llena de series realistas y policiales escandinavos que le gustarán más.

Pero si a usted le atraen, o le divierten, los films anteriores de Kaufman (más como guionista que como director), donde jugó a sus anchas con aquellas variables, sobre todo la de la identidad, como en “¿Quieres ser John Malkovich?” o “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, con “Pienso en el final” la va a pasar muy bien. Es más, hasta es probable que quiera verla una segunda vez para despejar ciertas dudas.

Esto no significa que ésta sea una película ardua ni difícil de desentrañar (sería improbable que Netflix admitiera en su programación un film de esas características); sólo que Kaufman juega con absoluta libertad, como se dijo antes, con todas esas dimensiones, y en este caso al tema de la identidad le agrega especialmente otro, el del tiempo. Y se da el lujo de sumar algunos diálogos y escenas en extremo ingeniosas, que disfrutarán todos los que lo acompañen en este viaje, y mucho más -eso sí- los amantes del cine, que entenderán ciertas referencias y citas.

La base de la historia es simple: una pareja, que lleva poco tiempo de estar juntos, hace un viaje en auto a la casa rural de los padres de él. Será el primer encuentro entre los cuatro, y cuando nos enteramos de que ella ni siquiera les mencionó a sus propios padres la existencia de ese novio empezaremos a sospechar que algo no anda bien. A medida que avanza la historia también sabremos que esas desavenencias silenciosas son más abismales de lo que parecía.

El viaje es nocturno, no hay un alma en la carretera, más tarde nevará, y al regreso ocurrirá algo parecido, pero más fantástico y fantasmal a la vez. Kaufman orquesta esa travesía con innumerables hallazgos. Sólo anticiparemos uno: en un momento, ambos empiezan a debatir la película “Una mujer bajo influencia”, el clásico de John Cassavetes de 1974 con Gena Rowlands que relataba la historia de una pareja que se rompía. Ellos también son una pareja que se rompe pero no hablan de ello: se reprochan mutuamente el guión del film de Cassavetes. Transforman una crítica de cine en un elemento dramático.

La llegada a la casa de los padres divide al film en dos, y lo que aún venía aferrándose al realismo termina por desmoronarse por completo: en este caso no conviene anticipar lo que ocurre en esa casa, pero es allí donde el juego con el tiempo, o con los tiempos, sucesivos y paralelos, alcanza el mayor resplandor en la historia. En lugar del eterno resplandor de una mente sin recuerdos, los recuerdos ahora son muchos, al igual que las anticipaciones.

Las últimas escenas del film, a partir del momento en que se inicia una extraña coreografía, son las menos afortunadas; daría la impresión de que Kaufman no logró encontrar un remate perfecto, o que la pandemia, o Netflix, lo apuraron a entregar la película en determinada fecha. Sin embargo, las más de dos horas anteriores, y la deliciosa presencia y actuación de Jessie Buckley (“Chernobyl”) como la atormentada novia, justifican plenamente la visión de este largo viaje del día hacia la noche.

“Pienso en el final” (“I’m Thinking of Ending Things”, EE.UU., 2020). Dir.: C. Kaufman. Int.: J. Buckley, T. Collette, J. Plemons. (Netflix).

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