27 de mayo 2002 - 00:00

"Ni músicos conservadores escapan hoy a lo popular"

Emilio Kauderer
Emilio Kauderer
Emilio Kauderer es un artista ecléctico y multifacético, en una línea que lo asocia al mismo tiempo con el renacentismo y con la posmodernidad. Trabajó junto a Ricky Martin en los arreglos, la producción y la dirección para el video de «Livin' la vida loca», ha escrito muchísimas bandas de sonido, en la Argentina y los Estados Unidos, donde está radicado desde 1987, escribe música culta y popular. Ahora está en Buenos Aires para presenciar el estreno de su obra «Alborada» por la Orquesta Sinfónica Nacional, y presentar su grupo de fusión el próximo 30 de mayo en La Trastienda. Respecto de esto último, dice Kauderer: «Yo suelo llamar a este proyecto 'technoworld', porque allí se juntan muchas experiencias sonoras: desde la posibilidad que me dan las máquinas y la tecnología hasta las músicas de Africa o de América. Esto que voy a hacer aquí, podría decir, es un paso anterior a otra cosa -que se junta con algo en lo que estaba trabajando Gustavo Santaolalla y que terminó siendo un proyecto conjunto-que se llama 'Bajo Fondo Tango Club', donde investigo también en mis raíces tangueras, siempre a partir de la electrónica y las computadoras. Todas estas ideas tienen que ver con que la música de boliches, con ese beat obsesivo, siempre me pareció monótona, aburrida.Creo que la mejor manera de combatir esa monotonía es meterse dentro de ese lenguaje y buscar otros caminos. Yo intento mezclar la tecnología con el corazón».

Periodista: ¿Es distinta la actitud que usted asume al escribir música para una orquesta sinfónica, para cine o para este tipo de experiencias tecnológicas?


Emilio Kauderer:
En principio, hay dos caminos muy diferentes que tienen que ver con la composición y la realización de música por encargo o por el mero placer de hacerla. Y dentro de la primera, inclusive, puede haber variantes. Respecto del cine, por ejemplo, no se trabaja igual en la Argentina que en la industria de Hollywood. Cuando yo hice la música para «El mismo amor la misma lluvia», «Un lugar en el mundo», «Ultimos días de la víctima», «Tiempo de revancha», «Plata dulce» o «Made in Argentina», trabajé con la libertad más absoluta. En nuestro país, el músico es dueño de todo lo que suena y compone desde su propio criterio. En la industria de Hollywood, en cambio, existe lo que se llaman «temporary tracks», o «temp tracks». La película le llega al compositor ya musicalizada, con fragmentos tomados de otros films. Lo que se busca entonces es que uno repita, lo más parecido posible, esos estilos y esos climas que ellos pensaron en función de lo que puede resultar más taquillero. Los márgenes de movimiento, está muy claro, se reducen muchísimo en esos casos. Uno apenas puede intentar algo alrededor de la melodía pero no en las armonías o la orquestación. Y de ese modo están hechas, por ejemplo, las músicas que firmé para «Julia tiene dos amantes» o «Friends and Lovers». Pero esto no me pasa solamente a mí; inclusive a los músicos más prestigiosos le llegan los «temp tracks» antes de ponerse a trabajar en la música de una película. Tampoco tengo mucho margen en la música que hago para publicidad y que, aún, forma una parte fundamental de mis ingresos.

P.: Los músicos «serios» suelen esconder esa veta.


E.K.:
Es algo que haré mientras lo necesite porque me permite ganar un buen dinero con poco tiempo de trabajo; un comercial de 30 segundos puede pagarse unos 30.000 dólares; pero espero, en el futuro, poder moverme con el cine y mis proyectos más personales. Cuando encaro cosas más personales, en cambio, no veo fronteras entre lo popular, lo electrónico o lo clásico. En los Estados Unidos, hace ya unos cuatro o cinco años, se han diluido esas barreras que separaban a los músicos según lo que hacían y los colocaban en distintas categorías. Hoy lo que importa es que uno sea profesional y no si trabaja para publicidad, para Ricky Martin, para cine o para una orquesta sinfónica. A mí me encanta la diversificación; trabajar para cine me ha permitido abrirme a muchas cosas distintas y lo disfruto porque me permite ser más versátil.

•Apertura

P.: Es muy común que las orquestas sinfónicas o los músicos clásicos encaren ahora proyectos que tienen que ver con lo popular. ¿Eso significa que la música clásica, tal como se la concebía hasta mediados del siglo XX se ha agotado?

E.K.:
Creo que sí. Lo noto aquí, cuando escucho a la Sinfónica Nacional tocar con el corazón mi obra -que además, posiblemente, dé lugar a otros proyectos conjuntos-o cuando orquestas de mucho renombre mundial y hasta conservadoras, como la Boston Symphony, se abren a otros lenguajes. Las orquestas están haciendo fusiones o «crossovers» porque ven que se les está achicando el quiosco. Lo que se escribió hasta principios del siglo XX está muy escuchado. Las experiencias atonales o concretas no han calado en el público. Entonces, las búsquedas inevitablemente van hacia lo popular, hacia las fusiones.

P.: En medio de tantas especulaciones comerciales ¿sigue existiendo la inspiración en los términos acuñados por el romanticismo?


E.K.:
Siempre hay lugar para eso, para las búsquedas personales. Yo estoy ahora en un momento muy creativo. Tengo tranquilidad económica. Hace rato que no tengo que levantar el teléfono para pedir trabajo. Entonces, puedo darme el gusto de hacer lo mío. De día, hasta las cinco de la tarde, cumplo con hacer la música que me permite vivir bien. Después, hasta la madrugada, me dedico a hacer mis cosas. Y todo funciona así.

•Con Zanetti

P.: ¿Qué es «Quantum Project»?

E.K.:
Es la primera película que se hizo exclusivamente para Internet. La dirigió nuestro compatriota Eugenio Zanetti y yo escribí la música. Es una película convencional de unos 40 minutos, en fílmico, pero que no se proyecta en cines ni en televisión. Tuvo tan buena aceptación que se hizo un acuerdo con Microsoft para su comercialización. En lo personal fue muy bueno también porque recibí el premio Pixel.

P: ¿Cómo fue la experiencia de la beca del Instituto Sundance de Robert Redford?


E.K.: Fue algo maravilloso
que viví a comienzos del año pasado. Son talleres y clases donde se trabaja en proyectos concretos. Tuve la suerte de compartir la experiencia con gente como Michael Kamer o Steward Copeland. Y también sirvió para mejorar mi ubicación profesional en el negocio del cine.

P.: ¿En qué otras cosas anda?


E.K.:
Hice, junto a Kamen, la música para la apertura de los Juegos Olímpicos de invierno. Escribí el musical «La Navidad de Paquito» que se presentará simultáneamente en la Opera de Washington y en el Pasadena Civic de Los Angeles. Acabo de terminar mi primer concierto para piano y orquesta, para que lo toque Mike Garson -que estuvo en Argentina junto los Smashing Pumkins y actualmente está en gira con David Bowie-. Hice la música para la película «The Patriots», con la que gané en el reciente festival de San Diego. Acabo de terminar, también, la música para los 130 capítulos de «Te amaré en silencio», de Enrique Torres, para Univisión y cuyo tema principal ya salió a la venta cantado por Jaime Camil. Sigo trabajando, con Santaolalla, en el proyecto de «Bajo Fondo Tango Club». Probablemente, como le dije, surjan nuevas cosas para hacer para la Sinfónica Nacional. Y está lo de la publicidad. Como ve, no tengo mucho tiempo para aburrirme.

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