«Chicas pesadas» (Mean girls, EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: M. Waters. Int.: L. Lohan, T. Fey, J. Bennett, L. Caplan,A. Gasteyer.
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Para el gusto norteamericano no hay nada mejor que una comedia adolescente progre, con gays, chicas góticas discriminadas como lesbianas, profesores que tienen sexo con alumnas, barbies bulímicas que andan por el colegio como modelos y tienen una actividad sexual sumamente activa, a veces en rincones solitarios de la escuela, o con el visto bueno de sus ridículas madres. Sobre todo si luego de todas estas referencias lanzadas como al pasar, nunca se ve la actividad de los gays, hay chistes con drogas que ningún chico llega a consumir de modo explícito, la supuesta lesbiana en realidad es heterosexual, las únicas que tienen sexo con profesores son unas zorras asiáticas, y a partir de la mitad de la película todas estas presuntas chicas pesadas se vuelven mas lights que las de «Mujercitas».
A falta de cualquier producto parecido en el cine americano actual, estas harpías consentidas que se hacen la vida imposible unas a otras sin consecuencias serias fueron un boom. Pero la moralina del último tercio es melosa hasta la náusea, la sátira social es casi nula, e incluso la intervención de dos buenos comediantes de «Saturday Night Live» (Tina Fey y Tim Meadows) no se aprovecha casi nada.
La trama es elemental y difícil de sostener sin buenos gags: una teenager recién llegada a EE.UU. desde el Africa, donde fue educada en su casa, debe enfrentar la vida en el colegio secundario, que resuelve infiltrando y clonando el grupo de las populares barbies plásticas que supuestamente detesta. Cualquier emisión diaria de «Ricos y Mocosos» es mucho más ingeniosa, divertida e interesante como parodia social que esta desabrida comedia que nos obliga a revalorizar productos vernáculos como «Erre Way».
Obviamente, un adulto no puede tener la misma percepción de este film que una chica de 12 o 13 años, pero ésta difícilmente atraiga ni a ese público al que se dirige.
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