5 de octubre 2001 - 00:00

No pasa nada, pero con bella foto

En un perdido puesto de la Legión Extranjera, donde todo es rutina y lejanía, un sargento le va tomando odio a uno de sus subordinados, hasta excederse en un castigo. El fatigado comandante del lugar deberá tomar medidas. Parafraseando aquello de «lasciate ogni speranza, voi che entrate», se aconseja al espectador veterano dejar todo buen recuerdo de otras obras sobre legionarios, como «La bandera», «Beau geste», y similares. Aunque mantiene la ambientación, el núcleo dramá-tico, y las figuras propias de dicho subgénero, este «Beau travail» desprecia su épica, y su sentido de la aventura.

Vagamente, se inspira en algunas páginas de Herman Melville. Pueden rastrearse, por ejemplo, algunos aspectos de «Billy Budd» (lo que explicita con un corto tramo de la opera de Benjamin Britten) y algunas líneas de los breves poemas «Oro en la monta-ña» y «La marcha nocturna». Pero, en esto también, hay que dejar toda esperanza. Del primero, cambiando el oro por la piedra seca, sólo respeta las dos últimas líneas («Sin lugar para el Cielo,/ y hombres insatisfechos»). El otro se diluye todavía más.

Estilo

Favorita de «Cahiers du Cinema», la ya reiterada Claire Denis evita caer en una narración convencional, como otros evitan caer en el pecado. Ella prefiere lucirse con una especie de narración al sesgo, que avanza de modos indirectos, a través de ecos y sugerencias. «Luego hubo esa noche tan extraña» (en el original, «tan particulier»), dice un sempiterno relator en off, pero nosotros apenas vemos unas imágenes sueltas, y de ellas debemos deducir toda una historia, y una relación de fuerzas. Ese es su estilo, matizado con largas rutinas de los soldados haciendo tai-chi, planchando camisas, colgando ropa, caminando bajo el sol, etc. Y cuando parece que habrá un desenlace sangriento, la cosa se remata con una gran ironía, eso sí, sinceramente aguda.

Hay un público que aprecia este tipo de cine. Otro, se deja llevar por la linda fotografía de Agnes Godard (el desierto y las costas de Djibuti, los jóvenes de pantaloncitos apretados, en fin). La mayoría, no sin razón, se queda definitivamente afuera. Sorprende Dennis Lavant: en pocos años, el adolescente de las películas de Leos Carax ha envejecido tanto como para aparecer haciendo de malo en policiales como las que hacía el otro Melville, el recordado Jean-Pierre Melville. Le tocó Claire Denis. Es otra época.

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