Vaya uno a ubicar, de primera intención, dónde queda Samarcanda. Pues más o menos por ahí cerca, en algún polvoriento pueblito perdido del Asia Central, viven los personajes de esta comedia tajikistano-uzbekistana, hecha con tierna soltura, toques de fantasía, y capitales provistos por Alemania, Francia, Austria, Suiza, Rusia y hasta Japón. Su director y sus intérpretes tienen nombres para nosotros impronunciables. La lengua y la tierra nos parecen exóticos. Lo que les pasa a sus personajes, en cambio, puede resultarnos bastante familiar.
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El esquema es sencillo. Una jovencita sueña con ser artista. Un desconocido, que anda de paso, le hace el habitual verso de una supuesta amistad con un actor famoso, y se aprovecha. El problema es que esto ocurre en un lugar oscuro, la ilusa apenas distingue los rasgos del extraño,
... y queda embarazada. Su padre y su hermano, que es medio tonto, removerán cielo y tierra hasta encontrar al infame, o a algún otro, todo sea por el honor de la familia. Y cuando lo tengan, habrá que lograr que el tipo se resigne a casarse, antes que le pase alguna desgracia. Por ejemplo, que se brista es la mejor, y la más cercana a nosotros, porque está llena de reconocibles absurdos cotidianos. Y la parte fantasiosa, bueno, es la que posibilitará el final feliz. En suma, una obra singular, algo for export, y debidamente simpática. Se ve con agrado.
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