14 de octubre 2005 - 00:00
Nobel a Pinter premia una obra de enorme influencia
-
La miniserie de Prime Video de solo 6 capítulos que te hará dudar de tu propio celular
-
La comedia de Disney + donde pedir una pizza se convierte en una aventura absurda
Harold Pinter ayer, tras conocer la decisión de la Fundación
Nobel: el nombre del autor de «El sirviente» y «El cuidador»
ni siquiera figuraba en las listas.
De vuelta a Londres, estudió en el Hackney Grammar School, y se propuso ser actor. Interpretó clásicos de William Shakespeare como «Macbeth» y «Romeo y Julieta», en 1948 fue admitido en la Real Academia británica de Arte Dramático. Dos años más tarde ingresó en la compañía de teatro irlandesa Anew Mc-Master, donde trabajó desde 1954 a 1957 utilizando el sobrenombre de David Baron. Aunque su futura carrera como dramaturgo sería el centro de su vida, Pinter nunca dejó de actuar, aunque más no fuera como travesura.
Ultimamente, se lo vio en un papel de reparto en la película «El sastre de Panamá», que protagonizó Pierce Brosnan.
Durante 24 años estuvo casado con la actriz Vivien Merchant, hasta que en 1980 se casó con la escritora e historiadora Lady Antonia Fraser. Su divorcio también le inspiró una obra teatral antológica, «Betrayal», («Traición»), que tuvo la particularidad, muy imitada posteriormente, de narrar una historia de atrás hacia adelante; en su caso, desde la disolución al comienzo de un matrimonio.
Como dramaturgo, Pinter debutó en 1957 con la pieza «The Room» («El cuarto»), representada por primera vez en Bristol. Otras fueron «The Birthday Party» («Fiesta de cumpleaños», de 1957), que también representó su primer fiasco a pesar de que después se convirtiera en una de sus obras más festejadas. Su consagración como autor se produjo con «The Caretaker» («El cuidador») y «The Homecoming» («Vuelta a casa»). Muchas de sus obras teatrales más famosas se transformaron en películas, adaptadas para la pantalla por él mismo.
Tal el caso de «The Servant» («El sirviente»), con Dirk Bogarde, con dirección de Joseph Losey, cineasta que realizaría junto con Pinter otros tantos films referenciales, como «The Go-Beetween» («El mensajero del amor», con Alan Bates y Julie Christie) y «Accident» («Accidente», también con Bogarde).
Su muchos críticos le reprocharon cierta oscuridad conceptual en sus tempranas obras de teatro, Pinter convirtió esa presunta dificultad en tramas más transparentes cuando las adaptó para el cine. Sus versiones, con el paso del tiempo, no se limitaron a piezas suyas, sino que también logró adaptaciones notables de obras ajenas, como la estupenda «La amante del teniente francés» de Karel Reisz, sobre la novela de John Fowles, o «El último magnate» de Elia Kazan, sobre el libro de Scott Fitzgerald.
En marzo, Pinter sorprendió con el anuncio de que estaba decidido a abandonar el teatro y dedicarse a la poesía y el activismo político. «Creo que ya he dejado de escribir obras de teatro. Me parece que he escrito unas 29 piezas de teatro. ¿No le parecen suficientes? He descubierto otras formas de expresarme», dijo entonces a la BBC. Su posición se radicalizó a partir de la invasión a Irak, y llegó a calificar a Tony Blair de «idiota iluso» y a equiparar con el régimen nazi al gobierno de George Bush, al que calificó de «asesino de masas», además de definir a Estados Unidos como «un país dirigido por una pandilla de delincuentes».
Desde luego, hubo muchos críticos de la Academia sueca que ayer recordaron estas declaraciones y volvieron a embestir contra los criterios de los votantes. Por el contrario, autores, directores teatrales y activistas contra la guerra saludaron la atribución del premio Nobel a Pinter. Tom Stoppard, de 64 años, quien forma parte con Pinter la «generación iracunda», dijo que este Nobel era «totalmente merecido». El vocero de la coalición «Stop the War Coalition» señaló la contribución de Pinter al movimiento contra la guerra en Irak. «Este Nobel destaca cuáles son las voces que el mundo quiere oír, y no las voces de los belicistas Bush y Blair», dijo.




Dejá tu comentario