Para que una comedia romántica funcione, logrando esa catarsis definida publicitariamente con slogans tipo «le hará reír, le hará llorar», resultan indispensables ciertos toques ingenuos que permiten a la audiencia desconectar la mente y dejarse llevar con docilidad hacia las sonrisas y lágrimas que surgen del guión.
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Si la dosis de tonterías es demasiado grande, se corre el riesgo de arruinar una buena historia. Si es demasiado discreta, lo que corre peligro es ese efecto catárquico. Lo mejor de «El diario de Bridget Jones» es que la directora, Sharon Maguire, se las ingenia para equilibrar perfectamente esos condimentos naïf con personajes creíbles, conflictos reales y un humor inteligente que por momentos alcanza un nivel corrosivo pocas veces visto en el género.
Ya la secuencia de títulos promete algo casi diferente a todo lo conocido: borracha y en pijama, Bridget Jones tararea sola en su casa el estribillo de «All by Myself» y se jura intentar solucionar su implacable soltería. A partir de ahí comienza una odisea romántico-carnal llena de momentos divertidos que logran, como muy pocas películas recientes, describir la agonía y el éxtasis de la gente en sus treinta, claro que con el toque flemático impuesto por los dos galanes estelares, Hugh Grant y Colin Firth (el actor que vino a Buenos Aires para rodar el film de culto «Departamento cero»).
Es evidente que el guión de Helen Fielding -basado en su bestseller homónimo-da la base sólida que termina haciendo la diferencia entre esta película y la gran mayoría de los productos de un género subvaluado, aunque capaz de dar títulos memorables como «Muñequita de lujo» o «Sintonía de amor». Pero sin el tono exacto impuesto en casi todas las escenas por la directora Sharon Maguire, y las buenas actuaciones de todo el elenco, el resultado hubiera sido menos redondo.
Claro que la pérdida absoluta de temor al ridículo que exhibe Renee Zellweger es el elemento que más recordará el público al levantarse de su butaca. Hay varios momentos memorables que la ubican entre las mejores comediantes de Hollywood, en especial la gran escena sobre las leyes de Murphy de la elección de ropa interior: su mode-lo de bombachón tipo el de la abuela logró aumentar las ventas de este tipo de prenda íntima, además de arrancar más carcajadas que cualquier otra secuencia que haya interpretado Hugh Grant en toda su carrera.
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