2 de agosto 2005 - 00:00

Notable Pirandello con Alcón

ConvincenteAlfredo Alcóninterpreta aEnrique IV, elalienado rey delclásico de LuigiPirandello.
Convincente Alfredo Alcón interpreta a Enrique IV, el alienado rey del clásico de Luigi Pirandello.
«Enrique IV» de L. Pirandello. Trad.: D. Brarda e I. Pelicori. Dir.: R. Szuchmacher. Int.: A. Alcón, E. Tasisto, H. Peña, R. Castro, A. Couceyro y elenco. Esc. y Vest.: J. Ferrari. Ilum.: G. Córdova. (Sala Casacuberta - TGSM.)

Para Luigi Pirandello ( Sicilia 1867, Roma 1936) no hay criterio humano capaz de discriminar lo verdadero de lo falso, lo racional de lo irracional y la locura de la lucidez. Esta línea teórica que el autor de «Seis personajes en busca de un autor» desarrolló a lo largo de toda su obra podría sintetizarse en la misma pregunta: «¿Cuál es la realidad?», una preocupación que marcó la vida de Pirandello de manera inesperada. Fue cuando, luego del nacimiento de su tercer hijo, su mujer se volvió loca, aterrorizando a toda su familia durante casi dos décadas, hasta que al fin el escritor pudo costearle un sanatorio.

Esa triste experiencia, unida a su conocida fascinación por los simulacros de la ficción, constituyeron la materia prima de «Enrique IV», la tragicomedia de un individuo que por no ajustarse a las normas sociales, ni a la hipocresía y mediocridad de su entorno, termina refugiándose en la locura de una eterna representación teatral.

Veinte años atrás no era más que un aristócrata algo excéntrico al que le preocupaba ser aceptado por su entorno; pero el desprecio de una mujer y las burlas de sus amigos lo hicieron víctima de un confuso accidente ecuestre que perturbó su razón. Desde entonces el hombre vivió aislado en su palacio, convencido de ser Enrique IV de Alemania (el disfraz que había lucido en aquella fatal cabalgata). El conflicto estalla cuando un día vienen a verlo sus amigos, acompañados de un psiquiatra.

La obra se inicia con un primer acto bastante moroso debido al exceso de referencias históricas (conviene leer el programa de mano para evitar olvidos y confusiones). No obstante, a medida que avanza la obra el juego teatral va ganando color.

«Enrique IV»
debe su atractivo no tanto a la intriga que rodea al protagonista o a su postura iconoclasta (algo elemental para el espectador de hoy), sino a su rica dramaturgia que incluye diversos registros de lenguaje, abruptos cambios de género (drama histórico, comedia de enredos, thriller psicológico, vodevil, etcétera) y un fluido entrecruzamiento de épocas e identidades.

Dos factores muy importantes contribuyen a revalorizar este material: el notable desempeño de Alfredo Alcón (más versátil y convincente que nunca) y el trabajo de dirección de Rubén Szuchmacher, impecable a todo nivel: marcación de actores, equilibrio entre humor y drama, dinámica espacial.

En el elenco se destacan
Horacio Peña, todo un especialista en cínicos elegantes; Elena Tasisto en el papel de Matilde, la mujer vana y fatal que transtorna al protagonista, y una desopilante Analía Couceyro, como la marquesita Frida. Por último, el diseño de arte ( Gonzalo Córdova en luces y Jorge Ferrari en escenografía y vestuario) sigue a pie firme los dobleces y contrastes de la obra exhibiendo, además, un refinado criterio estético que trasciende lo anecdótico.

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