«Es muy difícil en este momento hacer cine en la Argentina, sobre todo con la libertad que yo quería, con un guión en constante transformación», declaró ayer la directora argentina Verónica Chen en la rueda de prensa seguida a la proyección de su opera prima «Vagón fumador» en el festival de Venecia. Chen declaró que siempre quiso ser directora, que estudió para ello y que su trabajo como montajista lo considera «el mejor para aprender a hacer cine». «Me interesaba la noche como espacio para una relación entre dos personas que no puede desarrollarse de día», dijo la cineasta. «Soy una noctámbula y muchas veces vi los cajeros automáticos de la calle Santa Fe llenarse de noche con gente que se resguardaba del frío, conversaba y hasta hacía el amor, cosa que me inspiró para el argumento», explicó. «La prostitución homosexual masculina es un fenómeno muy expandido en el mundo entero y para mí es la otra cara del machismo latino», asegura Chen, que dijo que no tuvo problemas con sus actores para las escenas de amor homosexual «porque son verdaderos profesionales aunque para los dos protagonistas se trataba del primer largometraje». En sala estaba también Fernando Solanas, quien elogió la película y dijo que la marginación juvenil es una «epidemia» en la Argentina.
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Después de ganar mercados en el mundo con su película «Estación Central», que fue candidata al Oscar, el director brasileño Walter Salles explora ahora la lucha fratricida en «Abril despedazado», película que ayer se presentó a concurso en la Mostra de Venecia. Quienes esperaban una segunda parte de «Estación Central» se sentirán decepcionados. «Abril despedazado», inspirada en la novela del albanés Ismail Kadaré, traslada la lucha fratricida del libro de Kadaré a los sangrientos enfrentamientos entre familias del nordeste de Brasil a principios del siglo pasado, en plena lucha por la demarcación de los territorios. «Mi anterior película aborda la identidad nacional. Esta es diferente. En mí tuvo un gran impacto la novela de Kadaré por las grandes cualidades del libro, que son universales. La lucha entre dos familias también se puede dar entre dos clanes, dos ciudades, dos países», argumentó el realizador.
Con Nicole Kidman, Charlize Theron y Helen Hunt, Mira Sorvino completa el único póquer de grandes actrices de Hollywood que han llegado a Venecia para el festival. Ayer llegó al Lido para presentar en concurso «El triunfo del amor» de Clare Peploe donde para seducir no se desnuda sino que se disfraza de hombre. Acompañada por su novio, el actor francés Olivier Martínez, Mira Sorvino, de 34 años, volvió al festival que la consagró en 1995 con «Poderosa Afrodita» de Woody Allen que luego le valdría el Oscar a la mejor actriz secundaria. «No sé si Hollywood ha cambiado en estos años --sos-tuvo-; ahora entiendo mejor sus mecanismos y lo que sé que ha cambiado es cómo me ven en la industria. Después de 'Poderosa Afrodita' y el Oscar me ofrecían sólo papeles de prostituta, pero yo decidí diversificar no sólo el tipo de films que aceptaba sino también los personajes que interpretaba y ahora en lugar de tener que buscarme estos papeles me los ofrecen».