Catherine Zeta-Jones y Aaron Eckart en una escena de
«Sin reservas», insustancial remake de un film alemán,
que aún así, se deja ver agradablemente.
«Sin reservas» (No Reservations), EE.UU., 2007, habl. en inglés).Dir.: C. Zeta Jones, A. Eckhart, A. Breslin, B. Balaban, P. Clarkson.
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En tiempos de moda de la «haute cuisine», no es extraño que Hollywood haya apurado la remake de una comedia alemana («Deliciosa Martha» de Sandra Nettelbeck, 2001), elogiada por la crítica estadounidense y nunca estrenada comercialmente en la Argentina. Sin el original para comparar, digamos desde ya que, para enredos de cocina, mejor ver «Ratatouille». No es que esta remake sea mala; tiene poca sustancia y se parece a demasiadas comedias románticas norteamericanas con un o una protagonista «workaholic», cuya actitud frente a la vida y, sobre todo, frente al amor, cambia algún imponderable contundente. En el caso, Kate (Catherine Zeta-Jones) es quien vive consagrada a su trabajo como chef estrella de un exquisito restaurante neoyorquino. Sus únicas distracciones son recorrer personalmente mercados a las 5 de la mañana y las charlas -exclusivamente sobre recetas culinarias- con el terapeuta que, sin saber ella por qué, le ordenó consultar la dueña del restaurante (Patricia Clarkson), acaso para evitar que el divismo de su chef frente a comensales insatisfechos perjudique su negocio.
El primer imponderable es la muerte de su hermana, madre soltera, en un accidente, por lo cual Kate debe hacerse cargo de su sobrina (Abigail Breslin, la niña aspirante a reina de belleza en «Pequeña Miss Sunshine»). El otro, que cuando vuelve al trabajo tras tomarse unos pocos días para elaborar el duelo y asimilar mínimamente la responsabilidad enorme que le ha caído encima, encuentra su cocina y a todos sus ayudantes alegremente alborotados por un seductor cocinero, experto en comida italiana y entusiasta vociferador de arias de óperas mientras cocina (Aaron Eckart). Lo que sigue es perfectamente previsible.
Por lo demás, esta película bien vestida, con actores correctamente elegidos (aun los secundarios que el guión mantiene como pintados) y una pareja protagónica de buena química, se deja ver agradablemente, ante todo porque tiene una duración acorde a lo poco que tiene para contar.
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