13 de noviembre 2003 - 00:00

"OSCAR ALEMAN, UNA VIDA CON SWING"

«Oscar Alemán, una vida con swing» (Argentina, 2002, habl. en español.) Guión y dir.: H.Gaffet. Documental.

L as nuevas generaciones apenas han oído su nombre, y quienes lo recuerdan -quienes recuerdan esos multitudinarios bailes de carnaval donde la gente se amontonaba para ver cómo se movía y tocaba con la guitarra en la espalda- hoy apenas logran encontrar alguno de sus temas por la radio. Discos, hay algunos. Película sobre él, al fin, hay una. Tres años llevó hacerla, y con lo completa y detallista que es, su autor y algunos muy conocedores todavía echan cosas de menos.

Lamentan, sobre todo, la mala conservación de las pocas películas donde se aprecia al guitarrista en actividad. Por suerte algo hay, mostrándolo incluso como actor, aunque a la copia que usaron de «Historia de una carta» podrían haberle puesto subtítulos, porque el diálogo apenas se entiende. Justo es la parte donde el personaje de Alemán, que apenas vive con lo puesto, le muestra a Angel Magaña las tres razones de su indetenible y feliz energía: sus criaturas.

Es una escena de ficción, claro, pero para muchos esa ha sido «la» escena más representativa de Alemán... cuyo padre tuvo nueve razones, pero se terminó matando. El documental empieza contando ese drama: una familia desmembrada por la pobreza y la enfermedad, un negrito chaqueño que debe criarse como chico de la calle en una ciudad brasilera, y recién muchos años después, ya grande, el reencuentro con una hermana, y más tarde con otra, y con otro hermano, pero con ningún otro más, de los nueve que fueron. Entretanto, el chico se había criado solo, se había refugiado en la música vivaz del cavaquinho y en los aplausos que le brindaban por hacer monerías en la calle, y habia ido creciendo, gracias a alguna gente que le tomó aprecio y estimuló su talento, creciendo tanto que en los '30, en Paris, se lo llegaron a disputar Josephine Baker y Duke Ellington. La suya fue una vida de novela, y una contradicción del pentagrama: un alma agobiada de amarguras, que volcaba alegrías. En un rescate digno de destacarse, este documental nos recuerda sobre todo la riqueza inimitable de sus ritmos, la increíble rapidez de sus dedos, su manera de bailar y payasear en los escenarios, la posibilidad de brindar entretenimiento popular sin bajar la calidad de la música. Punto alto, la parte en que Nano Herrera cuenta, lleno de pasión, cómo el gran Duke Ellington apenas llegó a Buenos Aires lo primero que hizo fue preguntar por Oscar Alemán, cuando aquí ya todos lo tenían olvidado, y no paró hasta abrazarlo (con lo cual enseguida volvió a ponerlo de moda, porque así somos; ojalá este documental pueda hacer algo proporcionalmente parecido).

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