El jueves se inaugura en el Museo de Bellas Artes se inaugurará una muestra del ecuatoriano Oswaldo Viteri, con la presencia del artista. En su singular y creativa carrera artística, Viteri (1931) desarrolla una primera etapa de abstracción expresionista, en los años '50 y '60. Los antepasados vascos de Viteri vienen del 1600, y conjugan con sus raíces indígenas un paradigma del mestizaje latinoamericano.
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Gran admirador de Jackson Pollok, sus reflexiones técnicas y estéticas permanecen ligadas a esa escuela, la primera vanguardia de origen norteamericano. Su preocupación se acerca también al informalismo matérico del italiano Alberto Burri y del español Antonio Tapies. Investiga el arte pobre (arte povera), término acuñado por el crítico italiano Germano Celant, en 1967, para describir el trabajo de una joven generación de artistas de su país, que utilizaban materiales simples y «pobres» para invertir el modo tradicional del «high art» (arte culto).
Pero a fines de los '60, Viteri vincula estas tendencias con una búsqueda antropológica que lo lleva a desarrollar sus series de ensamblajes. Desde entonces, son características de su original creación, elementos de la cultura popular, muñecos de trapo, casullas y arpilleras. Los ubica como multitudes abigarradas y así se ven los hombrecitos en «Y surgirán de la sombra y de la tierra», 1980. Pero también presenta trabajos más abstractos como «Perfil azul de tu sile ncio», 1998; a veces con un marcado predominio de la textura del cañamazo, «Pedro Páramo», 1984. Otras veces utiliza figuras geométricas, como cuando ilumina un círculo riguroso sobre las multitudes en «Ojo de luz», 1987; o un cuadrado en «Ventana de luz», también de 1987. Los juguetes humildes, las muñecas realizadas por artesanos locales con restos de trapos, están presentes ya en su primer ensamblaje, «Geografía de Humo» de 1968. El artista, investigador de la cultura y el folklore popular, incorpora objetos-símbolos del mundo indígena que resignifica para crear un lenguaje nuevo cercano a la escultura.
Los muñecos populares de los nativos son transfigurados en ricas metáforas plásticas. Viteri los ordena de modos variados, presentándolos en hileras o aglomerando las figuras-juguetes en la superficie del cuadro, generando una composición rít-mica y lúdica singular. En «No es nada, no temas; es solamente América», 1979, múltiples muñecos se aglutinan en hileras en la parte inferior de la madera de fondo, mientras que en la superior desarrolla un collage con recortes de diarios ecuatorianos.
• Concepto
Pero en Viteri el collage-ensamblaje no es sólo una técnica: entreteje conceptualmente imágenes geométricas, precolombinas, barrocas, pobladas de personajes. Conjuga la abstracción y el informalismo, con una preocupación singular: la herencia cultural y la recuperación de la memoria colectiva andina. El hombre, en la dimensión del muñeco o en las multitudes, aparece enmarcado por los espacios del altiplano. América Latina está unida a pesar de sus diferencias, y se diferencia a pesar de su unidad. En los trabajos de Viteri se percibe la huella de las marginaciones y automarginaciones de América Latina, sus paisajes en términos de memoria e identidad.
Luego del llamado período rosa (1905-1906), arlequines, escenas circenses, saltimbanquis, el interés de Pablo Picasso por la escultura ibérica anti-gua y, sobre todo, por las tallas y máscaras de Africa y Oceanía, le da un nuevo rumbo a su arte. Es reconocida la influencia que ese arte popular africano generó en el Cubismo y, sobre todo, en la escultura moderna; podemos hablar de anticipación del Neoprimitivismo en muchas tendencias estéticas de Occidente que tomaron los mitos y ritos de la cultura americana. Nadie duda hoy del alto grado de desarrollo adquirido por algunas culturas precolombinas, las más antiguas aparecidas cuatro mil años antes de la era cristiana. En Bellas Artea se ha expuesto, la increíble Colección de la Cultura Valdivia de Filoteo Samaniego, la cultura cerámica más antigua de América. En 1984, el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó El primitivismo en el arte del siglo XX. Afinidades entre lo tribal y lo moderno; y cinco años después, el Museo Nacional de Arte Moderno de Fran-cia, en el Centro Pompidou, Magos de la Tierra, menos formalista y más abierta, pues reunió a creadores contemporáneos de todas las culturas, las civilizadas, las primitivas y las populares. Fue Schiller, el gran poeta alemán, quien a fines del XVIII advirtió sobre la decisiva función del impulso lúdico en la vida del hombre y en sus obras de arte, asumidas en su naturaleza fantástica, o sea, como generadoras de un nuevo pensamiento, una tercera realidad entre lo material y lo moral. Estos postulados estéticos que aparecen siempre en las obras de arte, en Viteri son ejes y paradigma.
La asociación con el juego, como movimiento de ida y vuelta, está presente en las obras del quiteño Viteri. Frente a ellas no es posible permanecer como un simple observador pasivo. Sus ensamblajes remiten técnica y conceptualmente a la idea de mestizaje, como síntesis de arte popular americano y abstracción contemporánea.
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