21 de agosto 2008 - 00:00

Ovejas asesinas que ante todo hacen reír

«Muerte en la granja» mezcla la comedia con el terror truculentocon éxito, hasta que se vuelve repetitiva, pero los imaginativosefectos ayudan a que se sostenga hasta el final.
«Muerte en la granja» mezcla la comedia con el terror truculento con éxito, hasta que se vuelve repetitiva, pero los imaginativos efectos ayudan a que se sostenga hasta el final.
«Muerte en la granja» (Black Sheep, Nueva Zelanda, 2006, habl. en inglés). Dir.; J. King. Int.: D. Mason, N. Meister, P. Feeney, T. Davis.

Por si faltaba un film de terror sobre criaturas mutantes, de Nueva Zelanda llega «Muerte en la granja», una de ovejas asesinas. El planteo obviamente no puede ser muy en serio, y el asunto es una comedia negra realizada un poco con el foco puesto en los primeros films del más exitoso de los cineastas de la tierra de los maoríes: Peter Jackson, que en sus inicios hizo películas de este tipo pero no siempre con esta calidad de efectos especiales.

En un alejado establecimiento ganadero se está por presentar una nueva raza de ovejas, pero algo en el medio sale mal y, justo el día del evento, unos activistas ecológicos roban un deshecho genético que resulta ser una mutación peligrosa de la raza en cuestión, carnívora y voraz cual piraña lanuda. Para enfrentar la plaga llega uno de los herederos de la familia ovejera, un joven traumado con una espantosa fobia a las ovejas ordinarias, por lo que se entiende el pánico que le puede causar esta nueva cruza.

La sutileza no parecer ser el fuerte del director Jonathan King, pero después de todo nadie esperaría semejante cualidad en una comedia gore sobre ovejas que comen gente de la manera mas gráfica y divertida posible. La película empieza con buenos climas y jugosos momentos de terror truculento intercalados con buenos chistes y un razonable desarrollo de la trama, pero los escasos 87 minutos le quedan largos, y luego de un memorable ataque en masa del rebaño comelotodo, ubicado luego de la mitad de la proyección, el guión se agota en repeticiones no tan divertidas y el interés decae. Con todo, estas ovejas tienen sus buenos momentos, los efectos especiales son de primer nivel y en algunos casos muy imaginativos, y el uso de los escenarios naturales neocelandeses es magnífico.

D.C.

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