20 de julio 2000 - 00:00

"PASION DE AMOR"

“a viuda de Saint-Pierre”plain es el título original de este film de Patrice Leconte que llega a sólo dos meses del estreno de «La chica del puente», su bella obra anterior. Tal vez porque implica significados imposibles de traducir (los franceses solían decirle «viuda» a la guillotina, instrumento de peso en esta historia), aquí lo vemos bajo un título exactamente igual a un recordado melodrama de Ettore Scola, con el que esta película tiene algunos puntos de contacto. Entre ellos, la época, el clima inclemente del sitio donde se desarrolla y la sensación de encierro. Quién sabe, tal vez hasta haya algo de homenaje. Lo cierto es que partiendo de un hecho real que estuvo a punto de filmar otro director, Leconte («El marido de la peluquera») vuelve a construir una tragedia de amor, aunque decir por amor sería más exacto. En la pequeña isla de Saint-Pierre, bajo jurisdicción francesa a mediados del siglo XIX, un hombre fue condenado a muerte por asesinar a otro una noche de borrachera y por una nimiedad. En la isla no había guillotina ni verdugo, de modo que los mandaron pedir a Francia y, durante los meses que duró la espera, el condenado se convirtió en el hombre más querido del lugar, lo que no impidió que fuera ajusticiado.
•reación
Que la mujer del militar encargado de custodiarlo lo haya tomado bajo su protección y que haya sido ella quien contribuyó a su transformación íntima y pública ya es invento de Leconte, al parecer. Y como él mismo ha dicho, la relación entre esos tres personajes y la descripción de cada uno de ellos es lo que hace trascender a su película, más allá de «los grandes temas» a que invita la historia verídica: la pena de muerte, la hipocresía en los altos niveles y la soberbia política. Asuntos que, como se sabe, son difíciles de plantear sin caer cuanto menos en desbordes discursivos. Que los hay en el film de vez en cuando.
El capitán (
Daniel Auteuil) ama a su mujer ( Juliette Binoche) de un modo tan incondicional que no es casual que algunos hayan querido ver en esta película la excusa que halló Leconte para rebatir a quienes lo acusaron de misógino, especialmente después de «La maté porque era mía». Si el militar ama con esa entrega ciega generalmente atribuida a la condición femenina, su esposa es conocida en el pueblo como «Madame La», porque, según explica el gobernador en reunión de hombres, «llamarla Madame La Capitana sería inconcebible en un pueblo de marinos». Lo que, dada la época y las circunstancias, irremediablemente los vuelve subversivos. Como mediando entre ambos, está el sometimiento casi animal del condenado, interpretado por Emir Kusturica, el director de «Underground» que aquí debuta como actor y, aunque no desentona, su inclusión más parece un alarde de confianza de Leconte.
Varias de sus películas prueban que lo mejor de este cineasta está, justamente, en la ausencia de alardes. Cuando sugiere y no dice, a través de miradas y silencios bien puestos o simplemente confía en su sensibilidad como director y en sus actores.
Por eso,
Binoche y Auteuil tienen momentos deslumbrantes. Y por eso también los toques simbólicos, sobre todo del final, no están a la altura de su sutileza. En pocas palabras, lo más interesante y conmovedor de «Pasión de amor» sucede cuando «no pasa nada».

Dejá tu comentario

Te puede interesar