20 de julio 2000 - 00:00
"PASION DE AMOR"
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Que la mujer del militar encargado de custodiarlo lo haya tomado bajo su protección y que haya sido ella quien contribuyó a su transformación íntima y pública ya es invento de Leconte, al parecer. Y como él mismo ha dicho, la relación entre esos tres personajes y la descripción de cada uno de ellos es lo que hace trascender a su película, más allá de «los grandes temas» a que invita la historia verídica: la pena de muerte, la hipocresía en los altos niveles y la soberbia política. Asuntos que, como se sabe, son difíciles de plantear sin caer cuanto menos en desbordes discursivos. Que los hay en el film de vez en cuando.
El capitán (Daniel Auteuil) ama a su mujer ( Juliette Binoche) de un modo tan incondicional que no es casual que algunos hayan querido ver en esta película la excusa que halló Leconte para rebatir a quienes lo acusaron de misógino, especialmente después de «La maté porque era mía». Si el militar ama con esa entrega ciega generalmente atribuida a la condición femenina, su esposa es conocida en el pueblo como «Madame La», porque, según explica el gobernador en reunión de hombres, «llamarla Madame La Capitana sería inconcebible en un pueblo de marinos». Lo que, dada la época y las circunstancias, irremediablemente los vuelve subversivos. Como mediando entre ambos, está el sometimiento casi animal del condenado, interpretado por Emir Kusturica, el director de «Underground» que aquí debuta como actor y, aunque no desentona, su inclusión más parece un alarde de confianza de Leconte.
Varias de sus películas prueban que lo mejor de este cineasta está, justamente, en la ausencia de alardes. Cuando sugiere y no dice, a través de miradas y silencios bien puestos o simplemente confía en su sensibilidad como director y en sus actores.
Por eso, Binoche y Auteuil tienen momentos deslumbrantes. Y por eso también los toques simbólicos, sobre todo del final, no están a la altura de su sutileza. En pocas palabras, lo más interesante y conmovedor de «Pasión de amor» sucede cuando «no pasa nada».


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