11 de julio 2003 - 00:00
Pelicori: "Jelinek no se burla, juega con todo"
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Ingrid Pelicori
Periodista: ¿Qué relación tiene esta obra con la de Ibsen?
Ingrid Pelicori: En «Casa de muñecas», más allá de la actitud estrictamente femenina de la mujer que abandona a su marido, de algún modo representa todas las ilusiones del siglo XIX. Esta pretensión de que ahora vamos a entender a la sociedad y a conocernos a nosotros mismos, se derrumba con la llegada del siglo XX. Ya no hay verdades inamovibles, vivimos sumergidos en una especie de ensalada de discursos donde se hace más difícil capturar la propia circunstancia. Siempre hay algo importante que al hombre se le escapa.
P.: La obra ofrece una mirada muy irónica sobre el feminismo.
I.P.: En realidad lo que pasó con esta mujer cuando se liberó sería una sola línea de lectura y quizás anecdótica, porque la obra muestra más el fracaso de las ilusiones que dominaron el siglo XIX. Después vino un siglo muy cruel, incomprensible y despiadado. La autora ironiza mucho acerca del capital (todos los personajes masculinos hablan de economía) y lo describe como un organismo vivo y seductor comparable a la mujer. La supuesta emancipación femenina a la que adhiere Nora es absolutamente individualista y además nunca será posible en un mundo donde la única ley que rige es la del capital, entendido como el valor que sustenta a todos los demás. En un mundo así la mujer puede desligarse del marido e irse a trabajar pero eso no es una liberación, sino que implica una nueva dominación, la del mundo del trabajo. Nora es una individualista ingenua y su visión de las reglas y leyes de nuestra sociedad es muy confusa, de alguna manera representa al ciudadano común que por más que se esfuerce nunca podrá entender los manejos y negociados económicos que realizan los poderosos. Cuando cree que ya entendió un asunto, éste ya está en otro nivel de complejidad. En este punto Jelinek hace alusión a otra obra de Ibsen «Los pilares de la sociedad», donde el negociado que da origen al conflicto está mostrado con suma claridad.
P.: ¿Y todo eso está expuesto como drama o como comedia?
I.P.: En la pieza de Jelinek hay mucho humor e ironía y el cruce de discursos y teorías son el fiel reflejo del disloque en el que vivimos. La obra es tremendamente irreverente y asumimos un estilo de actuación muy lanzado y de mucho juego, como para asumir la comicidad que estaba implícita en la obra. Pero, nos ocupamos de que todos los temas de la obra fueran percibidos con claridad y no quedaran desdibujados por nuestras gracias.
P.: A pesar de haber recibido los más importantes premios literarios internacionales, Jelinek siguen sin ser bien vista en su país...
I.P.: Así es. Incluso el líder de ultraderecha Heider lanzó una campaña contra ella: «Jelinek o cultura». Pero por lo que vimos en un documental, es una mujer muy lúcida. Ella es muy consciente del tema de la mujer, no se burla de eso. Digamos que juega con el feminismo como juega con todo, por eso es tan irreverente y atractiva su obra.




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