11 de noviembre 2005 - 00:00

Película árida, que no va a ninguna parte

La traumatizada protagonista y el padre vividor de «El sur de una pasión», film al quesi se le quitan los innumerables tiempos muertos quedaría en mediometraje.
La traumatizada protagonista y el padre vividor de «El sur de una pasión», film al que si se le quitan los innumerables tiempos muertos quedaría en mediometraje.
«El sur de una pasión» (Argentina, 2002, habl. en español). Guión y dir.: C. Fasulino. Int.: A. Couceyro, G. Molinelli, I. Krüger, G. Correa, R. Szuchmacher, I. Pelícori.

Este film, medio pariente de los del mexicano Arturo Ripstein, altera ciertas cosas de los viejos folletines. Por ejemplo, acá es el hombre, gerente de una sucursal bancaria, quien dice aquello de «retírese que me compromete» (no con las mismas palabras, pero es lo mismo, lástima que la escena no sea graciosa). Reconsidera, además, un clisé del tango: por sobre la inicial figura de baile, la mujer sostiene al hombre.

En este caso se trata de padre e hija, dos «artistas» de un piringundín de mala muerte. Ella lo mantiene desde chica. El es bueno sólo para hacer el verso del macho triste y abandonado. Lo cual es cierto, la mujer lo abandonó hace años por un miembro de policía. Ahora, por esos motivos, la hija arrastra un trauma infantil, roba, siembra cizaña en un matrimonio, se muestra odiosa en los momentos de sexo, entra sin que la llamen, se va sin saludar, y anda todo el tiempo malhumorada.

Y anda, y anda, hay que ver cómo anda, en planos largos que poco aportan (pero si se quitaran esto sería un mediometraje). Los demás personajes también andan siempre malhumorados, salvo una extranjera madurita, eso que la maltratan, y la madre, que cuando jovencita salía de conquista tres veces por semana.

La película, bastante seca, se divide en cuatro capítulos: «Comienza el final», «Acerca del quebranto», «Un ansia fiera en la manera de vivir», y «Tomar conciencia de la soledad», que suena medio psicoanalítico, y bien podría cambiarse por «Andate, nomás, andate». Hay una frase antológica: «Asumo la responsabilidad y el compromiso de ser su amante, pero recuerde que no soy puta. Me hago puta por elección». Y cada tanto hay algo de tango, pero muy poquito.

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