Entre las muchas historias que se le atribuyen a Roberto Galán, la más famosa es la de haberlos presentado a Perón y Evita. Galán había tenido con el general varios encontronazos por razones gremiales (era jefe del Sindicato de Locutores), pero a mediados de los '40 la relación era buena. Fue entonces, tras el terremoto de San Juan y cuando Galán conducía los shows solidarios en el Luna Park, que sobrevino -según su versión, claro-el encuentro: « Perón me tomó del brazo y me lo pidió directamente: presentámela a Eva». La relación con Perón duró largos años, y Galán terminó convertido en su secretario privado. Cuando vivía en Caracas, hacia fines de los años '50, le dio cobijo, y según su propio testimonio le salvó la vida: «Un grupo de oficiales argentinos había llegado a Venezuela con la orden de matar al general. El asilo que le habían dado era, en realidad, una emboscada.Yo tenía que protegerlo. De pronto me acordé de Jorge Antonio, y los caballos que le vendió a Trujillo, que admiraba a Perón. Era hora de apelar a ese recuerdo. Me fui disfrazado de revolucionario, con una enorme bandera, a la Embajada de la República Dominicana. 'Vengo en nombre del pueblo argentino', dije ante los guardias. Logré rápidamente su asilo en la embajada. Todo gracias a mi audacia». Esa relación de años tuvo sus oscuridades: para Isabelita, Galán era el indiscreto, el testigo molesto, la que le hizo la vida imposible tras la muerte del general. «Ella era un cero, nada, es una muerta en vida. Ella y López Rega dejaron morir a Perón, mientras yo seguía con el estigma de haber sido su amigo, de haberlo acompañado lealmente», escribió.
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