Avatares del Oscar

Espectáculos

Desde su inauguración en 1939, la Union Station de Los Angeles, donde se celebró centralmente el domingo la ceremonia del Oscar, había aparecido en más de 140 películas, ya sea luciendo su arquitectura colonial hispana, o disimulándola, o fingiendo ser otra estación de trenes, según lo que cada producción necesitara. Botones de muestra, “Nuestros años felices”, con Robert Redford y Barbra Streisand; “BladeRunner”, “Atrápame si puedes”, “Especies”, “Them!”, “Duro de matar” y “Batman: El caballero de la noche”. Por sus andenes pasaron, a veces a los tiros, o a los besos, Adolphe Menjou, Penny Singleton, William Holden, Charlton Heston, Bette Davis, Paul Newman, Charles Bronson, Warren Beatty, Jim Carrey, George Clooney, Robert De Niro. Bien merecía un pequeño video de montaje para amenizar la entrega de premios (si es optimista al punto de imaginar que podría haber existido algo que amenizara lo que se vio anteanoche).

El In Memoriam de cada año siempre está incompleto. Esta vez llegó hasta el vestuarista Anthony Powell, el hombre que diseñó la ropa de Indiana Jones, entre otros muchos méritos, pero Monte Hellman, que murió el martes pasado, quedó olvidado. Puede pensarse que el fragmento ya estaba editado y, como ocurrió otros años, no hicieron a tiempo para incluir al director de “Carrera sin fin”, pero Jessica Walter (que coprotagonizó “Play Misty For Me/Obsesión mortal” junto con Clint Eastwood), Naya Rivera y Nick Cordero tampoco fueron tenidos en cuenta por la Academia, como se quejaron los fans en las redes sociales. En cambio los editores se acordaron del argentino José Luis Díaz, el maestro sonidista de “Relatos salvajes”, “El robo del siglo, “Historias mínimas”, “El secreto de sus ojos” (por el cual fue ungido miembro de la Academia de Hollywood), “El cuento de las comadrejas” y otras películas buenas. Impulsor del enorme progreso que tuvo el sonido en nuestro cine reciente, salvador de tantos documentales de música, supervisor de doblajes, su última aparición pública fue para recibir el Cóndor de Plata por “El ángel”, ocasión en que subió con todo su equipo, y elogió e impuso un aplauso para cada uno de sus miembros. Después dijo “Yo me llevo el premio y ellos el aplauso”, y se fue abrazado con Graciela Alfano.

Antes, en la noche de los Oscar, se incluían los Honorary Awards a viejas figuras, que eran momentos muy emotivos, y el Jean Hesholt Humanitarian Award para algún filántropo. También se informaba sobre los Scientific and Technical Awards a diversos especialistas, entregados en fiesta previa. Los Scientific and Technicals 2021 se entregaron en febrero, con James Cameron como anfitrión, pero el domingo no se dijo nada. Honorary, también conocidos como Premios a la Trayectoria, no hubo, y emoción tampoco. Solo se mantuvo el Humanitarian, esta vez repartido entre dos organizaciones caritativas: la Motion Picture and Television Fund, y la Tyler Perry Fund. Interesante el discurso de Perry, un hombre de color, alentando a dejar de lado el odio contra los policías.

¿Por qué “Mi maestro el pulpo” recibió el Oscar a Mejor Documental? Es simple. Entre tantos premios a las películas dedicadas a causas nobles y actuales, y la gente de edad, faltaba el cupo ecologista. Grande, Anthony Hopkins. Creyendo que no ganaría nada, ni siquiera estuvo en la transmisión desde el microcine del British Film Institute. Se enteró ayer al despertar, y desde su casa en Gales envió un video de agradecimiento, con especial elogio para Chadwick Boseman, al que daba por seguro ganador póstumo (también así lo creyeron los organizadores, por eso desplazaron para el cierre el premio a Mejor Actor). Para muchos críticos, referentes sociales y tuiteros en general, la derrota del fallecido actor afroamericano representó algo cercano a una ofensa, y tal vez ello reforzó el discurso, casi de disculpa, de Hopkins.

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