Nueva York - Con sus tearos, tiendas, restaurantes, hoteles y museos repletos de gente, Manhattan se prepara para la Navidad y recobra el ritmo agitado que caracterizaba la ciudad antes del atentado. En este contexto, mientras las rematadoras cosechan millones de dólares, la Fundación Arte BA presentó en Sotheby's la exposición «Entre el silencio y la violencia», coincidiendo con la exhibición y subasta de obras latinoamericanas. Esta vez, la excelencia del arte contemporáneo argentino --que no se ofrecen a la venta pues se trata de un emprendimiento cultural-, sorprendió a la franja de clientes de gusto más pulido y a los numerosos operadores culturales que frecuentan este mercado. La iniciativa, al igual que la de la Fundación Proa, que este año llevó el arte abstracto argentino a Bérgamo, Italia, bien podría servir de ejemplo a otras instituciones. Y sobre todo, es un buen modelo para los organismos culturales del Estado, que dedican sus esfuerzos y dineros a mostrar en el exterior obras escasamente representativas, y suelen ser incapaces a la hora de encarar un proyecto que reúna las mínimas condiciones de calidad y sentido, o de apoyar a nuestros artistas, como sucedió en las últimas bienales de Venecia o Porto Alegre.
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La curadora de la muestra que llegó a Manhattan, Mercedes Casanegra, tiene las ideas claras: explica que eligió el tema de la violencia «dada su vigencia a lo largo de nuestra historia» y que para representarla seleccionó «obras emblemáticas». Es decir, en primer lugar aseguró la coherencia del relato con un argumento de trasfondo sociopolítico, que hoy goza de aceptación en los circuitos internacionales. Luego, simplemente eligió obras como «La Civilización Occidental y Cristiana» de León Ferrari o «Analogía IV» de Victor Grippo, que actualmente se disputan los museos, y a las ya consagradas de Alberto Heredia, Luis Benedit, Norberto Gómez, Graciela Sacco, Oscar Bony, Liliana Porter y Jorge Macchi, agregó las menos conocidas de Roberto Elía, Edgardo Vigo y Cristina Piffer.
En casi todos los casos, se trata de la mejor producción de artistas que a través de sus obras enfrentaron las coacciones ideológicas y las estructuras sociales, económicas y políticas que les deparó su época, conformando un conjunto dramático y altamente significativo.
• Costo
El argumento para justificar la ausencia de este tipo de exhibiciones en el exterior, es que su elevado costo (alrededor de 60.000 dólares) no está al alcance de todos los bolsillos y menos aún del Estado. Sin embargo, en EE.UU., como en Brasil y otros países, existe una ley de desgravación fiscal para los patrocinantes de la cultura, y son varios los argentinos que pagan allí sus impuestos con regularidad porque tienen inversiones, propiedades u otros bienes, como Amalia Fortabat, que figura entre los sponsors de la muestra.
En realidad, la cuestión, es convencer a los posibles patrocinantes de que vale la pena aplicar a la difusión del arte argentino el dinero que destinan al pago de impuestos. En este caso, el mérito de la gestión se debe al criterio selectivo del presidente de Arte BA, Andrés Von Buch, de los miembros del directorio, Marga Macaya y Alejandro Corres, y de la representante de Sotheby's en Argentina, Adela Casal.
Por supuesto, una sola exposición, por buena y exitosa que sea, no puede determinar que de la noche a la mañana el arte contemporáneo argentino ingrese en el circuito de EE.UU.. Con esta certeza, los directivos de Arte BA anunciaron que figura en sus planes brindarle continuidad al proyecto. Entretanto, desde la gran vidriera internacional de Sotheby's, buscan museos que abran sus puertas a una muestra que conmueve por la intensidad de su contenido y que bien vale la pena exhibir por el mundo.
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