14 de marzo 2003 - 00:00

Probado ballet inauguró la temporada del Colón

Ballet Estable del Colón
Ballet Estable del Colón
«La bella durmiente del bosque». Ballet en un prólogo y tres actos. Mús.: P.I. Tchaikovsky. Coreog.: M. Galizzi, según original de M. Petipa. Esc.: N. Benois. Vest.: N. McDowell. Ilum.: J.L. Fiorruccio. Ballet Estable. Dir.: M. García. Orquesta Filarmónica de Bs. As. Dir.: J. Logioia. (Teatro Colón. Repite 14, 15 y 16 de marzo.)

P ara inaugurar la nueva temporada del Ballet Estable del Teatro Colón, que dirige la maestra cubana Marta García, se recurrió una vez más a uno de los tres grandes ballets de Tchaikovsky, «La bella durmiente del bosque», que la compañía posee en versión integral desde hace varias décadas.

Estrenado en 1890, «La bella durmiente» es un ejemplo claro del academicismo elaborado por Marius Petipa, quien ha trazado sus diseños coreográficos respetando las constantes del ballet de escuela en auge en la época. La originalidad, el refinamiento y la belleza recorren la construcción del prólogo y los tres actos que estructuran la obra realizada a partir de la insustituible música de Tchaikovsky.

El Teatro Colón armó nuevamente una producción que se enriquece ostensiblemente con la espectacularidad de la escenografía de Nicola Benois, el deslumbrante vestuario de Norman McDowell (de la versión de Jack Carter) y las luces reveladoras de Fiorruccio. En medio de un barroquismo lindante con el manierismo visual, la compañía baila con aptitud lo planeado por el coreógrafo francés asimilado al Teatro Imperial de San Petersburgo.

La obra se extiende por espacio de tres horas y media y, si bien parece excesiva para los tiempos que corren, hay que reconocer que los valores de la producción ahora repuesta hacen que el espectador no se fatigue y disfrute de la suma de aciertos. Remarcables elegancia y solidez técnica se aprecian en los roles solistas y en las grandes escenas de conjunto. Karina Olmedo y Jorge Amarante reviven el romanticismo que envuelve a la pareja protagónica, aunque siguen siendo algo parcos en cuanto a expresividad, como se comprobó el año anterior. Silvina Perillo, en cambio, entrega una armoniosa personificación de la maligna Hada Carabosse, para la que equilibra su magnífico tecnicismo con un óptimo poder de comunicación y un amplio dramatismo. También se lucen Gabriela Alberti (Hada Lila) y Leonardo Reale (Pulgarcito).

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