10 de marzo 2001 - 00:00
Producir para TV: un empeño casi dramático
El atrás de las cámaras en televisión tiene aspectos entre dramáticos y desopilantes: Mariela Tedeschi, productora histórica de "Canal 7", cuenta en este diálogo algunas de las tareas que debió sobrellevar, como la de tener que hacer inflar en una gomería una muñeca erótica, o poner un tanque de guerra en la calle Junín.
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Mariela Tedeschi.
Mariela Tedeschi se inició en el metier a los 17 años en «Hola Julieta hola», con Julieta Magaña en «Canal 9» y nunca más abandonó la TV. Hoy dice con orgullo: «La primera mamadera que tomé fue por la televisión. Mi madre, Marta Tedeschi, nació con 'Canal 7'. Yo camino por el canal desde que nací e incluso mis hijos, si entran a un estudio, nunca se van a cruzar delante de una cámara, ya es intuitivo».
Periodista: ¿Qué géneros prefiere para producir?
Mariela Tedeschi: Me encantan los musicales, los unitarios. Lo que más me gusta hacer son los de chicos. Pero lamentablemente encendés hoy la televisión a la tarde y te querés pegar un tiro. Yo me pregunto «¿Qué les estoy dando a mis chicos?». Novelas en las que hay muertes, se odian unos a otros. Si bien tienen que saber que la cosa está dura tampoco hay que mostrar esa barbaridad de que la mamá de fulano se acostó con el padre de mengano. Para mí es terrorífico, tal vez porque hice toda mi vida programas infantiles «light». Creo que habría que mirar a los chicos a la cara y mostrarles que la vida vale la pena vivirla, que pasan cosas como en todos lados pero no esa crudeza atroz. Y uno termina tranzando y los deja ver porque los amigos lo ven.
P.: Menciona los programas musicales, ¿Por qué cree que es un género extinguido, o reservado para la música tropical?
M.T.: Por la influencia de las compañías discográficas, las grabadoras, la exclusividad y cuesta mucha plata hacer un buen programa musical. Hace mucho que no hay un musical por excelencia, está «La movida», pero es un programa comercial. Viene fulano porque está en auge, viene mengano porque vende. Yo hablo de grandes producciones como «Casino Phillips», que tenían 40 músicos en escena.
M.T.: Pasa por nosotros mismos.Yo estoy del otro lado, no me interesa que digan, «mirá qué bien la productora», quienes estamos en televisión sabemos quién está en cada lugar. Doña Rosa nunca va a saber quién soy, nunca vamos a trascender los que trabajamos. Y creo que no lo hacemos para trascender, sino para poner un buen producto en el aire.
P.: ¿Le pasó alguna otra cosa como la de la muñeca inflable?
M.T.: Una vez Rodolfo Ledo quería un tanque de guerra por la calle Junín, porque en la ficción, como no había un peso y se hacía una mudanza, un día la hacía el lechero, otro día en sulky y a Ledo se le ocurrió que quería hacerla en un tanque de guerra.Yo lo miré como diciendo, «pero vos estás loco», pero, como siempre, salí a resolverlo. Tuve que ir a reunirme con el jefe del Ejército, que me terminó dando el tanque y hasta traía incluido al tipo que lo manejaba. Y uno siente tanta satisfacción al conseguir lo que le piden, lástima que estás tres semanas para encontrar algo que después se ve tres segundos, y te querés matar.
P.: Parecería que trabajar en producción trae más disgustos que satisfacciones...
M.T.: Ocurre que cuando conseguís la mesa hexagonal te dicen que preferían la redonda y si les traés la roja después se arrepienten y quieren la verde. Es así, pero es lo que elegimos. Y esto sirve mucho para la vida cotidiana. Para aprender a resolver, resolvés todo sí o sí. Desde que pasás un semáforo en rojo hasta que llegás tarde a un hospital porque se venció el horario de visita, hasta cosas rarísimas. Me ha pasado que gente ha querido hacer cosas y no ha podido y yo en cinco minutos lo he conseguido. No sé si por la labia, por cómo me manejo o como soy, no sé qué es pero yo entré, o salí o pude hacer lo que quería.



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