2 de julio 2003 - 00:00
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Y no fue porque él o el pianista Dejan Lazic hayan perdido calidad, sino por la elección del programa. De entrada, una obra para violín trasladada al violoncello, la Sonata N° 1 Op. 78 de Johannes Brahms, conocida como «Sonata de la lluvia», por la cita del «lied» Op. 59 N° 3 del mismo compositor. El pianista eligió replegarse en un segundo plano y el cellista emitió bellos sonidos en las líneas melódicas, pero entre ambos debilitaron el carácter de la obra. La Suite N° 1 en Sol Mayor Op. 72 para violoncello solo que el inglés Benjamín Britten dedicó a Mstislav Rostropovich en 1964 contiene casi todos los efectos y recursos para el virtuoso, y aunque se presentó con cierto dramatismo, pudo más la flema inglesa y el resultado final fue una exhibición de técnica.
Dejan Lazic es un notable pianista, pero esta vez no lo pudo demostrar, y el cellista Wispelwey tiene talento como para emprendimientos de mayor envergadura.

