2 de julio 2003 - 00:00

Programa poco feliz dejó frío al Colón

Recital de Pieter Wispelwey (violoncello) y Dejan Lazic (piano). Obras de Brahms, Briten y Chopin-Franchomme. (Teatro Colón. Org.: Mozarteum Argentino.)

E n esta tercera visita, Pieter Wispelwey, el celebrado violoncelista holandés que ganó el aprecio de nuestro público con las suites de Johann Sebastian Bach, cumplió una actuación fácilmente olvidable, algo que se palpó desde el «aplausse d'estime» más bien tibio que recibió tras ser escuchado respetuosamente, pero con visible decepción.

Y no fue porque él o el pianista Dejan Lazic hayan perdido calidad, sino por la elección del programa. De entrada, una obra para violín trasladada al violoncello, la Sonata N° 1 Op. 78 de Johannes Brahms, conocida como «Sonata de la lluvia», por la cita del «lied» Op. 59 N° 3 del mismo compositor. El pianista eligió replegarse en un segundo plano y el cellista emitió bellos sonidos en las líneas melódicas, pero entre ambos debilitaron el carácter de la obra. La Suite N° 1 en Sol Mayor Op. 72 para violoncello solo que el inglés Benjamín Britten dedicó a Mstislav Rostropovich en 1964 contiene casi todos los efectos y recursos para el virtuoso, y aunque se presentó con cierto dramatismo, pudo más la flema inglesa y el resultado final fue una exhibición de técnica.

•Inconvincente

En un ensayo de dos páginas, Pieter Wispelwey asume la defensa de las transcripciones de obras de Chopin para su instrumento, y literariamente convence menos que el resultado musical; son creaciones eminentemente pianísticas, y en este caso reduce al piano al mero papel de acompañante. Fue tolerable el «Nocturno en Do Sostenido Menor» (que interpretaba el protagonista de «El pianista» de Polanski) pero casi cae en la vulgaridad el Vals N° 5, que ya había sido transformado en «Las Sílfides».

Dejan Lazic
es un notable pianista, pero esta vez no lo pudo demostrar, y el cellista Wispelwey tiene talento como para emprendimientos de mayor envergadura.

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