13 de julio 2004 - 00:00

Puentes, una alianza de arte y tecnología

El arte y la tecnología se han aliado para operar como un poderoso e ilimitado medio de creación y abarca no sólo el campo de las artes visuales sino el de otras disciplinas estéticas: música, danza, arquitectura, teatro, además de ayudar a las formas tradicionales de la pintura, el cine y las instalaciones. En la arquitectura -también una de las bellas artes-, los puentes son uno de los casos ejemplares de esta alianza.

El artista australiano Robert Owen, reconocido por sus instalaciones, y los arquitectos Denton, Corker y Marshall, diseñaron el Webb Bridge de Melbourne, un puentemembrana, para el que idearon una estructura tubular que se va retorciendo en sí misma. El diseño forma parte del reciclaje de ambos márgenes del río Yarra, con muelles y docks cercanos al distrito comercial del centro de Melbourne. La estructura es un armazón de acero con aros entrelazados. Por su forma biomórfica, el puente parece serpentear a la manera de un reptil, contra el río Yarra.

En el caso de la Pasarela sobre el río Areuse, en Boudry, zona boscosa al oeste de Suiza, los arquitectos, Laurent Geninasca y Bernard Delefortrie tuvieron que prefabricar los principales componentes y trasladarlos en helicóptero, por la altura. El pasaje para excursionistas, armónicamente integrado al espacio natural, tuvo que extenderse alrededor de 30 metros y la altura del arco se adaptó a la subida del agua. Es un puente sinuoso que se va angostando cuando se aproxima a la situación más vertical.

Un desarrollo singular en el ámbito de una ciudad es el Floral Street Bridge, en Londres, proyectado por el estudio de Wilkinson Eyre, reconocido por su trayectoria en el diseño de puentes. En este proyecto participaron los arquitectos Jim Eyre, Annette von Hagen y Martin Knight. La calle separa el Royal Ballet School del Royal Opera House y el puente permite que los estudiantes y el personal de la escuela se conecten con la Opera, a través de un pasaje realizado en aluminio, vidrio y madera.

En Buenos Aires se destaca el Puente de la Mujer, en Puerto Madero, diseñado por Santiago Calatrava. Conocida figura de la arquitectura internacional, el arquitecto valenciano otorga un nuevo significado a los puentes, como se se puede apreciar en el Viaducto de La Cartuja (Sevilla, 1987-1992). La inclinación de su mástil fue una de las más deslumbrantes aportaciones a la Expo '92. Para esta obra se inspiró en su propia escultura «Torso en movimiento», en la que varios cubos de mármol situados unos sobre otros, se mantenían en equilibrio.

Calatrava
diseñó también el cruce peatonal que conecta la calle Alicia Moreau de Justo con el Dique 3, en Puerto Madero. Como complemento del Hotel Hilton, diseñado por Mario Roberto Alvarez, el empresario Alberto González -, responsable del emprendimiento-, financió el proyecto.

Lamentablemente González falleció antes de que se inaugurara, pero tuvo el mérito de una verdadera «epopeya», dados los costos en la Argentina, de un puente hecho íntegramente en España.

La frecuente referencia al hecho artístico de
Calatrava es una de las claves para comprender su obra. «Por mucho que los requirimientos técnicos nos constriñan, siempre queda suficiente margen de libertad para ver la personalidad del creador y para permitir que su obra, si realmente se trata de un artista, se convierta -incluso cuando además obedece estrictamente a las exigencias técnicas- en una verdadera obra de arte».

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