7 de noviembre 2008 - 00:00
Rabinovich revela los ritos de la naturaleza
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La actual muestra de Raquel Rabinovich incluye su «Biblioteca de
ríos», intervenciones escultóricas, dibujos con barro y videos, entre
otras obras de una artista consagrada a explorar el «modus operandis
» de la naturaleza.
Un viaje a Machu Pichu marca un cambio crucial en su desarrollo artístico cuando descubre las capas de piedra que emergían de la tierra al deambular por las ruinas. Realizó varias instalaciones escultóricas que instaló en importantes instituciones norteamericanas, entre ellas, el Patio de Esculturas del Jewish Museum (Nueva York) y continúa su tarea docente en Manhattan, en el Whitney Museum of American Art y en escuelas públicas.
Otra vez un viaje por Egipto, India, Nepal. Indonesia, Tailandia, tuvo un gran impacto en su vida conectándose «profundamente con lo que no podía ser visto ni conocido», y dando lugar a una serie de dibujos, «garbhagrihas», que en sánscrito significa santuario interior o casa del útero. Continúan sus viajes por Inglaterra y Francia y hacia 1991 se instala en el campo, en Rhinebeck, Nueva York, en el valle del río Hudson. Hacia el año 2000 se dedicó a la exploración de la naturaleza misma y su modus operandi en el contexto de los ríos.
Realizó instalaciones escultóricas específicas, piedras que se sumergen y emergen constantemente siguiendo el ritmo de las mareas que se produce durante seis horas.
«Emergencias», un video que se exhibe en la muestra, es una compilación de las 8 instalaciones a lo largo del Hudson, obras realizadas gracias al apoyo de la Fundación Pollock-Krasner. En cuanto a «River Library», son obras en papel que Rabinovich sumerge en el barro de diversos ríos del mundo y que metafóricamente están relacionadas con las historias de los pueblos que no han sido relatadas ni escritas; éste es el sentido ritual que la artista da al acto de recoger el barro.
«Barro del río Ayeyarwady» (2005/06, Birmania), «Barro del río Paraná» (2006/07), «Barro del río Mekong» (2007/08, Laos), «Barro del río Ganges» (2002/04, India), «Barro del río Hudson» (2002/04), son algunas de las 320 obras con sedimentos de estos ríos. Cada dibujo presenta diferencias de tono que van desde el beige claro del Ayeyarwady al naranja quemado del Urubamba, hay distintas luminosidades y en algunos casos están compuestos por varias hojas de papel, unidas, formando un libro. De allí que estos libros pueden formar bibliotecas que en la visión de la artista «pueden ser algo infinito y siempre abiertas a incorporar nuevos libros y en mi caso, agrego más y más páginas».
Una obra de contenido espiritual que responde a «visiones penetrantes» que en la meditación Vipassana significa aprender a estar presente donde se desarrolla la vida, según la artista, no muy diferente a la práctica de hacer arte ya que éste siempre se crea en el tiempo presente. Clausura en Diciembre.
«Sólo después de numerosos años de trabajo, de intensa reflexión, de múltiples y prudentes ensayos, llegué a esas formas con las que hoy trabajo.» Recordamos este pensamiento de Kandinsky para referirnos a Luis Fernández Arroyo, en ocasión de su actual muestra en Galería Brandy (Charcas 3149). Son paisajes, pero como él siempre lo ha señalado, desde la ruta. Hace mucho que dejó atrás planos bien delineados en un camino que lo llevó a la abstracción con gran dinamismo gestual pero, en cierta forma, contenido, temiendo el desborde. Más adelante pasó a una composición menos controlada, una paleta más audaz, en una serie que podría denominarse «paisaje interior». En esa constante actitud de reflexión y trabajo kandinskiano, los «paisajes» eran una suerte de planos seccionados, remarcados por el blanco y el negro, frontales, dejando de lado su efervescencia colorística. Pero volvió a ella, y ya apartado de todo esquema, refleja más espontáneamente el ritmo o movimiento vital de cada pincelada que se mueve en todas direcciones.
En un prólogo a Fernández Arroyo, que escribió José E. Burucúa, éste planteaba los diferentes interrogantes acerca de la pintura de paisaje: ¿es espectáculo de la naturaleza? ¿es el despliegue de formas y colores? ¿un intento por aprehender un instante fugaz o un estado de ánimo?. Creemos que todo eso más el deseo pintar y de pintar aquello en lo que cree.
En su actual muestra todo está alterado, enriquecido por la paleta desbordada, por unas formas que no respetan ninguna convención, ni siquiera los títulos que aluden al otoño, a la primavera, al sol del mediodía. Ya no importa. Fernández Arroyo pinta ahora con desparpajo.
Clausura el 19 de noviembre.




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