20 de diciembre 2005 - 00:00

Radu Mihaileanu: "El humor es la única arma contra las dictaduras"

Un rumano en Pinamar: el director de «Eltren de la vida», Radu Mihaileanu, presentósu último film «Ser digno de ser».
Un rumano en Pinamar: el director de «El tren de la vida», Radu Mihaileanu, presentó su último film «Ser digno de ser».
Pinamar - Alto, con una mata de pelo en la cabeza y un montón de mujeres a su alrededor, el director de cine rumano Radu Mihaileanu, llegado a Pinamar con su melodrama «Ser digno de ser», se hace tiempo para charlar con este diario. Mihaileanu cobró notoriedad hace siete años con su película «El tren de la vida», que contaba, con humor triste, la odisea de un grupo de judíos que se disfrazaban de nazis para huir de la persecución. Algunos críticos llegaron a señalar que esa película inspiró a Roberto Benigni, y hasta en demasía, la más famosa «La vida es bella».

Periodista
: ¿Siempre está de buen humor?

Radu Mihaileanu: Comparada con la de muchos que filmé, mi vida es un lujo. Además tenemos un segundito de vida para querer, mandar la luz, sonreír. El humor no es una táctica, es mi manera de ser, para respirar. Crecí bajo una dictadura. El humor era nuestra única arma. En los años de Ceacescu, mientras hacíamos colas por horas y horas, contábamos cuentos, aún a riesgo de ser llevados presos. Pero hay historias que no se pueden contar con humor, como la de «Ser digno de ser», sobre los judíos negros en Israel. Se salvaron del hambre en Etiopía, pero todavía no los integran.

P.
: ¿Cómo surgió esa historia?

R.M.: Fueron cinco años entrevistando como 200 etíopes, cada uno con una historia tremenda, pero la contaban con humor, como pidiendo perdón por contar algo tan tremendo. Entrevisté gente del Mossad, servicios sociales, pilotos, familias adoptivas, padres que perdieron a sus hijos, jefe militar diciendo cómo los religiosos hicieron que la Operación Moisés se frenara, porque no querían negros en Israel. Cuando mira la prensa de Operación Moisés los héroes son los blancos, pero hoy los del Mossad confiesan que los héroes fueron los negros. Entonces, yo tenía que ser invisible, y hacer visible a esa gente.


P.:
Ese es uno de los temas de su película.

R.M. : Si no se entiende que estamos nosotros con los otros, y en los otros, no se entiende nada y este planeta no tiene futuro. Pero todos viven si se entiende que cada uno vive dentro del otro. Y que todos los problemas de raza e identidad son tonterías. El actual jefe de la Iglesia Judía, un sefaradí, fue el único que reconoció en 1973 el judaísmo de los etíopes. No significa que sea un tio maravilloso. Porque los siguen «convirtiendo», no hacen más la segunda circuncisión simbólica, pero sí el baño ritual, que es una humillación terrible para ellos.

P.:
¿Cómo la recibieron en Israel?

R.M.: Todos piensan saber todo sobre esto y después yo les descubro algo que no es lindo para ellos. También un sector de la prensa criticó cómo un rumano-francés critica la sociedad israelí. Eso no afectó a mi ego personal, si puedo ayudar a la gente.Yo solo esperaba que conozcan un poco mejor a sus hermanos. Y si no hacemos grande película al menos aprendimos mucho.


P.:
¿Y cómo la recibieron en Etiopía?

R.M.: Primera vez refutaron autorización diciendo que «nunca hubo hambre en Etio
pía». Ahora embajadora en Francia quiere que se proyecte en Adis-Abeba. Se la voy a regalar, no vamos a venderla. No es una película sobre los pobres para ganar dinero.

P.:
¿Qué hizo entre «El tren de la vida» y ésta?

R.M.: Una comedia con pigmeos, sobre la estupidez humana. Yo fui ese estúpido, cuando Marco Ferreri me mandó buscar pigmeos para una película, en 1989. Ellos me abrieron los ojos sobre la simplicidad del mundo, que nosotros complicamos inútilmente. Fuimos a cazar, dijeron «no vayan porque los animales van a sentirlos». «¿Y por qué a ustedes no los sienten?» « Porque tenemos el olor del bosque». ¿Vio? Todos los días encontramos gentes maravillosas.


P.:
¿Marco Ferreri era maravilloso?

R.M.: El más grande. Empecé como chofer de la filmación de «I love you», y en el mismo rodaje me hizo pasar a asistente de dirección y productor ejecutivo, sin dejar de ser chofer. Luego íbamos a rodar «Y'a bon les blancs» en Madrid, yo no hablaba español. Debí aprenderlo en dos semanas. «Tú debes ser el mejor, porque eres inmigrante y sin dinero. No tienes a Viene de Tapa dónde volverte, ni cómo». Y tenía razón. Fue como un padre para mí. Juntos escribimos «El banquete de Platón» para TV. Y era un genio. Mucha visión de qué iba a pasar con la humanidad. Con esas películas ya hablaba del amor virtual y la falsa ayuda al Africa. Todos gritaban y él entendía que era un nuevo tipo de colonización. Diez años después EEUU invadió Somalia para ayudarla. Un desastre.


P.:
Perdón, ¿qué pasó con aquella discusión entre usted y Roberto Begnini, acerca de «El tren de la vida» y «La vida es bella»?

R.M.: No pasó nada. Benigni reconoce que leyó el guión y que le propuse actuar. Pero que su fuente de inspiración fue otra. Las películas son diferentes, así que puede que tenga razón. Es una pequeñita historia de discusión, es anécdota. Lo importante es la obra, la luz que podamos dar.


P.:
¿Y ahora qué piensa darnos?

R.M.: Escribo muchas tonterías que acaban en la basura. Mi basura está muy contenta con la boca así de abierta. «Escribe, escribe». Ya voy a hacer otra película.

Entrevista de Paraná Sendrós

Te puede interesar