20 de diciembre 2005 - 00:00
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Un rumano en Pinamar: el director de «El
tren de la vida», Radu Mihaileanu, presentó
su último film «Ser digno de ser».
Periodista: ¿Siempre está de buen humor?
P.: ¿Cómo surgió esa historia?
R.M.: Fueron cinco años entrevistando como 200 etíopes, cada uno con una historia tremenda, pero la contaban con humor, como pidiendo perdón por contar algo tan tremendo. Entrevisté gente del Mossad, servicios sociales, pilotos, familias adoptivas, padres que perdieron a sus hijos, jefe militar diciendo cómo los religiosos hicieron que la Operación Moisés se frenara, porque no querían negros en Israel. Cuando mira la prensa de Operación Moisés los héroes son los blancos, pero hoy los del Mossad confiesan que los héroes fueron los negros. Entonces, yo tenía que ser invisible, y hacer visible a esa gente.
P.: Ese es uno de los temas de su película.
P.: ¿Cómo la recibieron en Israel?
R.M.: Todos piensan saber todo sobre esto y después yo les descubro algo que no es lindo para ellos. También un sector de la prensa criticó cómo un rumano-francés critica la sociedad israelí. Eso no afectó a mi ego personal, si puedo ayudar a la gente.Yo solo esperaba que conozcan un poco mejor a sus hermanos. Y si no hacemos grande película al menos aprendimos mucho.
P.: ¿Y cómo la recibieron en Etiopía?
R.M.: Primera vez refutaron autorización diciendo que «nunca hubo hambre en Etio pía». Ahora embajadora en Francia quiere que se proyecte en Adis-Abeba. Se la voy a regalar, no vamos a venderla. No es una película sobre los pobres para ganar dinero.
P.: ¿Qué hizo entre «El tren de la vida» y ésta?
R.M.: Una comedia con pigmeos, sobre la estupidez humana. Yo fui ese estúpido, cuando Marco Ferreri me mandó buscar pigmeos para una película, en 1989. Ellos me abrieron los ojos sobre la simplicidad del mundo, que nosotros complicamos inútilmente. Fuimos a cazar, dijeron «no vayan porque los animales van a sentirlos». «¿Y por qué a ustedes no los sienten?» « Porque tenemos el olor del bosque». ¿Vio? Todos los días encontramos gentes maravillosas.
P.: ¿Marco Ferreri era maravilloso?
R.M.: El más grande. Empecé como chofer de la filmación de «I love you», y en el mismo rodaje me hizo pasar a asistente de dirección y productor ejecutivo, sin dejar de ser chofer. Luego íbamos a rodar «Y'a bon les blancs» en Madrid, yo no hablaba español. Debí aprenderlo en dos semanas. «Tú debes ser el mejor, porque eres inmigrante y sin dinero. No tienes a Viene de Tapa dónde volverte, ni cómo». Y tenía razón. Fue como un padre para mí. Juntos escribimos «El banquete de Platón» para TV. Y era un genio. Mucha visión de qué iba a pasar con la humanidad. Con esas películas ya hablaba del amor virtual y la falsa ayuda al Africa. Todos gritaban y él entendía que era un nuevo tipo de colonización. Diez años después EEUU invadió Somalia para ayudarla. Un desastre.
P.: Perdón, ¿qué pasó con aquella discusión entre usted y Roberto Begnini, acerca de «El tren de la vida» y «La vida es bella»?
R.M.: No pasó nada. Benigni reconoce que leyó el guión y que le propuse actuar. Pero que su fuente de inspiración fue otra. Las películas son diferentes, así que puede que tenga razón. Es una pequeñita historia de discusión, es anécdota. Lo importante es la obra, la luz que podamos dar.
P.: ¿Y ahora qué piensa darnos?
R.M.: Escribo muchas tonterías que acaban en la basura. Mi basura está muy contenta con la boca así de abierta. «Escribe, escribe». Ya voy a hacer otra película.
Entrevista de Paraná Sendrós


