(13/06/2001) La presentación hoy en el teatro Coliseo del cuarteto formado por atriles de la mundialmente famosa Orquesta Filarmónica de Berlín, con el pianista argentino Manuel Rego compartiendo una de las obras en concierto, tal vez signifique el regreso de una práctica abandonada hace tiempo: la de combinar actuaciones de músicos argentinos con grandes intérpretes extranjeros.
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En otros tiempos, las divas de la ópera daban sus recitales con pianistas argentinos, y hasta los llevaban de gira (Victoria de los Angeles con Enrique Ricci, por ejemplo). O los legendarios solistas instrumentales que venían a tocar con la Camerata Bariloche, o el inmenso Karl Richter produciendo memorables obras de Bach, con solistas, coro y orquesta locales con algún ocasional refuerzo importado, que podía ser el trompetista Maurice André o el flautista Jean Pierre Rampal.
Por cuestiones económicas o temporales, últimamente el intérprete local se hace oír en reductos «under» o en museos. Muchas veces, la calidad interpretativa de los argentinos se ve desplazada por promocionados artistas extranjeros, cuya mediocridad nos deja reflexionando. La Asociación Wagneriana no sólo parece estar volviendo a la tradición de ofrecer Wagner a sus abonados, como está previsto, sino también a esa combinación de la que hablábamos.
Dialogamos con Manuel Rego en su casa marplatense, cuando se preparaba para este importante concierto, en el que interpretará el Quinteto Op. 44 de Robert Schumann.
Periodista: ¿Por qué se empeña en vivir en Mar del Plata?
Manuel Rego: Porque me encuentro cómodo. Es una hermosa ciudad, aquí tengo a mi familia, mis amigos y el mar. No so-porto la vida de las grandes ciudades, y aunque Mar del Plata en verano se convierta en una de ellas, los marplatenses tenemos meses de tranquilidad que nos permiten gozarla totalmente. Por otra parte, no deja de ser una buena calidad de vida vivir nueve meses en paz y unos días de vorágine. La ciudad no es aburrida en invierno, por lo menos para mí.
P.: Tampoco acepta giras internacionales.
M.R.: Mi resistencia a viajar es algo que se me critica siempre. Pero es cierto, no me gusta moverme, detesto preparar valijas, odio los aeropuertos y todo lo que ellos acarrean, y no me da placer estar solo en países que no conozco. Pero jamás he dejado de cumplir compromisos en el extranjero.
P.: ¿Coincide estéticamente con los músicos berlineses que compartirán este concierto con usted?
M.R.: Hasta el momento, no conozco a los integrantes del Cuarteto.
P.: ¿Entonces qué expectativas tiene?
M.R.: Todo intérprete tiene su apreciación personal de cada obra. He tocado más de treinta veces el Quinteto de Schumann, y cada vez fue una nueva experiencia musical que me ha enriquecido enormemente. Ese es el gran valor de hacer música de cámara, ya que es una conversación musical entre los músicos, y los distintos puntos de vista que hubieren se analizan para lograr una unidad conceptual, gracias a la cual la obra lucirá en todo su esplendor y transmitirá su contenido.
P.: Con toda esa experiencia, debe estar muy tranquilo ante este nuevo compromiso.
M.R.: Gran parte de las obras que he tocado me queda en la memoria, pero al volverlas a preparar para nuevas audiciones tomo la partitura y empiezo a trabajarlas desde cero para agregar detalles nuevos, cada obra madura dentro de mí, aunque no las toque. El concierto de esta noche (a las a las 20.30) también incluirá el Op. 135 de Beethoven y el Op. 51 de Brahms.
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