17 de mayo 2002 - 00:00

Relegado Tchaicowsky renace en Washington

Galina Gorchekova y Plácido Domingo
Galina Gorchekova y Plácido Domingo
Privilegiada en las programaciones sinfónicas ...y algo relegada en el repertorio lírico, tal parece ser el destino de la obra de Tchaikowsky. No obstante, «Eugene Onegin» y «Dama de Pique» están retornando con mayor frecuencia a los escenarios internacionales (incluido nuestro Teatro Colón).

La tradicional escenografía de la «Dama de Pique» que presentó la Opera de Washington en el Kennedy Center es importada de la Opera de San Francisco, y sirvió de suntuoso marco para poner de relieve las actuaciones de un elenco de lujo: Plácido Domingo, Galina Gorchakova, Elena Obraztova y Rodney Gilfry.

Cuando alrededor de 1830 el poeta ruso Alexander Pushkin comenzó a incursionar en otros géneros, su prosa desilusionó a críticos como a admiradores. La juzgaron «austera», «fría», «conteniendo sustantivos y verbos (...) y careciendo casi de adjetivos».

De hecho, en 10.000 compactas palabras, la «Dama de Pique» narra la tragedia del jugador Hermann y de su obsesiva búsqueda de la tríada de cartas ganadoras que sólo conoce una anciana condesa de misterioso pasado. Su nieta, la bella Lisa, es la prometida del Príncipe Yelitski. Hermann seduce a Lisa como medio de llegar a la 'tríada' que aseguró la fortuna de su abuela.
 
Modest Tchaikowsky -hermano del compositor-juzgó fértil este terreno para un tratamiento operístico de la historia, del que Peter Tchaikowsky se nutre para brindar una partitura a la vez sombría y lírica.

Opera depurada

La «Dama de Pique» es una ópera musicalmente depurada. En su partitura se reconoce el genio del Tchaikowsky «sinfonista», pero el compositor supedita su discurso musical al servicio de la trama dramática. Sus arias, duetos y tríos no son de facilismo verdiano, pero revelan el distinguible genio creativo de Tchaikowsly. A lo largo de los tres actos de esta bella ópera, hay abundancia de episodios corales tratados con gran maestría.

Plácido Domingo
, en la plenitud de su arte, retrató con acierto al poco querible personaje obsesivo-compulsivo de Hermann, con excelente voz y convincente dicción rusa. En Galina Gorchakova, a cargo de la interpretación de la desafortunada Lisa, se apreciaron dulzura expresiva y admirable constancia de claridad de timbre. En el papel de Condesa, la legendaria mezzosoprano Elena Obratzova hizo alarde de su extradoardinaria aptitud teatral, con su voz capaz todavía de agudos sonoros, y de pianissimi escalofriantes. Su escena de protagonismo más elocuente (reminiscencias de sus días en París, Acto II) fue consagratoria por su melancolía y por su consustanciación con el personaje. Rodney Gilfry, con su untuosa voz de barítono; físico de gran estatura, y una fisionomía curiosamente «rusa», estuvo a la altura de sus pares del elenco, ofreciendo una noble y excelente actuación como Príncipe Yelitski.

La primera incursión del director escénico
Peter McClintock con la Washington Opera resultó magnífica. Con escenarios y vestuarios de fasto imperial, el espectador se siente transportado a la Rusia de Catalina la Grande. Hans Fricke dirigió con aplomo a la Orquesta y Coros de la Washington Opera, que en esta temporada ha ascendido, con una reciente «Salomé» y con esta «Dama de Pique», a apreciables niveles de excelencia.

Más de dos horas de fatalismo eslavo no desanimaron a un público entusiasta, que en su primera velada contó con los aplausos de la melómana jefa del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos,
Condoleeza Rice (también reconocida pianista, cosa que pocos saben) y el secretario de Estado Colin Powell, entre otros notables de esta capital.

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