23 de febrero 2001 - 00:00

Resume buen libro la talentosa obra de Ricardo Cinalli

Fotografía de Shakespear.
Fotografía de Shakespear.
(22/01/2001) Desde 1992, en que apareció «Haberlo sabido antes», con pinturas de Hermenegildo Sábat, IMPSAT publica una muy cuidada colección de libros de arte dedicados a la difusión de jóvenes talentos o clásicos consagrados de la Argentina y de otros países latinoamericanos. En su momento reseñamos «El otro, la otra y la otredad», con pinturas de Luis Felipe Noé (1994) y «Los versos del capitán», con poemas de Pablo Neruda y pinturas de Raúl Soldi. La novena y última publicación «Teatro popular» (noviembre 2000) está dedicada a Ricardo Cinalli (1949), graduado en Psicología y Filosofía en la Universidad de Rosario.

Cinalli asistió en 1977, 1978 y 1980 a Harrow School of Art y a Horney College of Art de Londres, ciudad en la que vive desde 1973, alternando actualmente con largas temporadas en Buenos Aires y Punta del Este. «Teatro popular» cuenta con textos de Rodolfo Rabanal, Renato Rita, Raul Santana y Michel Negrin, que dividen en actos a esta suerte de compendio de sus realizaciones recientes y quizá por el efecto teatral que caracteriza su obra.


Monumentalismo

Este talentoso artista cuya obra seguimos desde 1989, cultiva una línea estética apoyada en una concepción monumentalista con referencias históricas renacentistas. Gran parte de ella está realizada en pastel sobre papel de seda, un material etéreo, frágil, en capas superpuestas con gran rigor y alarde dibujístico. Cuerpos clásicos, desnudos, generalmente masculinos, resultado de una aguda observación anatómica, escenas simbólicas mitológicas con centauros y minotauros entrelazados, primeros planos de pies y manos gigantescas de un grafismo en crespado con entramados juegos de sombras. En una ocasión, Cinalli confesó su interés por pintar partes del cuerpo humano pensando cada una de esas partes como un todo.

De allí el protagonismo de esos fragmentos anatómicos a los que logra darles peso escultórico, no obstante la levedad del material empleado. Cinalli no puede ser encasillado en ningún ismo ni tampoco definido. Pero es capaz de llevarnos por toda la historia del arte, hacernos penetrar en zonas profundas de la psiquis, mirar con pudor ciertas escenas perturbadoras, evocar mitos, descubrir su religiosidad o la puesta en duda de ella, recorrer sugestivos paisajes supuestamente cósmicos, encerrarnos con sus ángeles caídos en azules recintos carcelarios.

En el primer acto encontramos papeles, lápiz, tinta, goache, collage y pastel, obras fechadas en 2000, el contraste del dibujo de trazos espiralados de sus figuras fragmentadas que cubren toda la superficie con la figura despojada, apenas delineada de alguien que observa. «Autorretrato», tríptico, un rompecabezas, cuerpo con rostro de minotauro que revela tristeza y melancolía.

En el segundo acto, el artista evoca al gran Picasso, no sólo en las aguadas con textos a manera de apuntes alusivos tomados de libros sobre el artista sino en su dibujo voluptuoso. «Autorretrato con amigos», tinta, goache, es una galería de retratos en los que condensa la espontaneidad del trazo, la seguridad del gesto, la expresión de un cuerpo, de una mirada, de una situación latente.

El tercer acto se vuelve eminentemente dramático, lo señala
Rabanal: «la sala del teatro se ilumina, las líneas se tornan definidas... y la muerte o algo que alude posiblemente a la muerte ocupa el lugar de los titanes». Aparece el grito, el paisaje lunar aun más desolado, la calavera del minotauro vencido, el beso de la muerte. En el cuarto acto, Cinalli no abandona sus colosales figuras, sólo que ahora aparecen borrosas, transmutadas, una máscara de lo que fueron. La obra de Cinalli, intemporal, multiplica las metáforas sobre la vida, sobre el arte y la creación.

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Auspiciado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la embajada de la Argentina en Madrid, y declarado de interés cultural por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con el apoyo de la Asociación de Amigos del Museo de Sívori, se inauguró el viernes pasado en el Museo de la Ciudad de Madrid, donde permanecerá hasta el 4 de marzo, el proyecto cultural de identificación y difusión del estudio Shakespear-Veiga: «La Boca, homenaje a Buenos Aires».

Sesenta afiches impresos digitalmente sobre tela y papel, un audiovisual del proyecto que enfatiza la impronta rústica del barrio, Barrio Puerto, Barrio de Inmigrantes, donde
Pedro de Mendoza fundó Santa María de los Buenos Ayres.

* Otros homenajes

El proyecto exhibido el año pasado en París cuenta con la dirección de Diseño y Fotografía de Cecilia Veiga y Raúl Shakespear, quienes han desarrollado anteriormente otros trabajos culturales: «La bahía de Amado», en homenaje al escritor Jorge Amado, exhibido en el Museo de Arte Decorativo y en el Cabildo Histórico de Córdoba, así como «Angeles de Manucho», en homenaje a Manuel Mujica Lainez, exhibido en el Museo Fernández Blanco, Villa Victoria Ocampo y próximamente en la estancia La Paz, Ascochinga.

Diseño es forma para la función. En el caso de La Boca, el tratamiento de la investigación histórica, la explotación de un material fotográfico registrado por
Raúl Shakespear durante 30 años y la información cumplen el objetivo de aumentar el conocimiento del lugar y preservar el patrimonio, respetuosos del inmigrante que lo construyó y que originó nuestra ciudad.


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