15 de junio 2004 - 00:00

Retorno con gloria para Cacho Castaña

Cierto culto por el pasado, la postura snob de intelectuales que transformaron lo «grasa» en «kitsch», y la habilidad de algunos productores hicieron posible que Cacho Castaña volviera a los escenarios grandes.
Cierto culto por el pasado, la postura snob de intelectuales que transformaron lo «grasa» en «kitsch», y la habilidad de algunos productores hicieron posible que Cacho Castaña volviera a los escenarios grandes.
«Mi Buenos Aires querida». Actuación de Cacho Castaña (voz, guitarra, piano). Con J. Lastra (batería), J.M. Echandi (teclados), J. Raggio ( guitarra), D. Martínez Pricolo (bandoneón) y J. Vignales (bajo, dir. musical). ( Teatro Opera, 11 y 12 de junio. Repite el 18 y el 19/6.)

Nada de lo que está haciendo actualmente Cacho Castaña difiere especialmente de lo que ha hecho toda la vida. Siempre resultó un enigma y un caso difícil de digerir para la crítica. No se le podía perdonar que el mismo compositor que podía escribir «Café La Humedad» presentara al mismo tiempo temas de consumo liviano como «Quieren matar al ladrón» o «Cara de atorrante».

Al cantante/compositor, que ha conocido en otros tiempos las tapas de las revistas por su éxito comercial y por sus romances con mujeres famosas -Susana Giménez o Mónica Gonzaga, entre otras-nunca le molestó demasiado lo que se decía en la prensa. Siguió haciendo su trabajo sin creérsela, adaptándose a los tiempos, abriendo espacios nuevos. Y ahora volvió a llegarle su momento.

El paso de los años, cierto culto actual por las cosas del pasado, la postura algo snob de ciertos intelectuales que transformaron lo «grasa» en «kitsch», y la habilidad de algunos productores que impulsaron el fenómeno, hicieron posible que Cacho Castaña volviera a los escenarios grandes. La reedición de sus discos -inclusive los que contienen sus composiciones menos estimables-funcionó muy bien. Y empezó a llenar teatros importantes.

En este caso, acaba de iniciar una serie de recitales en el Opera con cuatro fechas que podrían ser más si el público lo acompaña. Y la felicidad de quien siempre se consideró un ganador queda claramente expresada en el agradecimiento que el cantante repite al finalizar cada canción. No hay sorpresas, entonces. Castaña revive sus viejos hits, los más tangueros y melancólicos y los más divertidos.

Su estética es la misma. Toca el piano y la guitarra como un aprendiz y se ríe de sus limitaciones. Presenta las canciones como si fueran,siempre, historias personales y la platea se hace cómplice de su eterno personaje de seductor. Se respalda en una gran orquesta que explota muy poco las posibilidades de los músicos, por lo que termina siendo más una apuesta escenográfica que sonora. Invita a participar a una periodista de Crónica TV -Paula Médic- como bailarina y tampoco desentona.

Sigue siendo una mezcla heterodoxa de
Sandro, Nino Bravo y Rubén Juárez, y ese estilo que antes era motivo de burla ahora se ha transformado en admiración. Mientras tanto, el hombre se regocija con su presente; y el público, el de antes y el nuevo, festeja con él.

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