“Siempre admiré a Osvaldo Fattoruso y en cada ocasión que se diera, quería tocar con él. Era un artista completo, y en su caso la batería era sólo un medio para sus fines artísticos”, dice a este diario el guitarrista Ricardo Lew. “En 2011, Osvaldo nos contaba que la escena musical estaba brava en Uruguay. Entonces aprovechamos que tenía que venir acá unos días y con el bajista Daniel Maza y el tecladista Ricardo Nolé armamos algo para tocar con el y ganar algo de dinero que sabíamos le venía bien. Hicimos dos fechas a último minuto, una en la Vieja Estacion de La Plata y la otra en el Club Boris de Palermo, que unos años después se cerró cuando los dueños huyeron como Bonnie & Clyde. Tocamos temas de Osvaldo, del repertorio de Opa, y otros que veníamos haciendo nosotros. Los shows fueron impresionantes, Maza cantaba y Fattoruso tocó como nunca, a pesar de que ni siquiera tenía su propia batería, sino que usó una de esas que tienen los boliches para casos de apuro”.
Ricardo Lew: un pionero en el arte de “hacer hablar a la guitarra”
Diálogo con el eximio músico argentino que este viernes recreará un mítico concierto con el recordado Osvaldo Fattoruso, ahora con Fabián “Sapo” Miodownik en batería, Daniel Maza y Ricardo Nolé.
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El gigante de la guitarra eléctrica argentina Lew recordó así cómo surgió el que sería el último show del eterno Osvaldo Fattoruso, que desde el beat de Los Shakers hasta el funky-candombe-jazz rock de Opa y tantas otras bandas -generalmente junto a su hermano Hugo- dejaron su marca en la música rioplatense. Aquel show de Boris no se hizo como despedida, dado que Fattoruso estaba bien de salud. “Tocó con toda energía, y si tenía algo por lo menos no nos quiso contar nada, por lo que nadie podía pensar que sería la última vez que tendríamos el placer de tocar con él. Pero a los pocos meses de su regreso a Montevideo su salud empeoró hasta su fallecimiento”.
Aquel show es un flamante disco en vivo editado por el sello Los Años Luz Discos: “Vivo en Boris 2011. Lew, Maza, Nolé, Fatorusso” y aquel show será recordado este viernes en Palermo, ahora en el Club Bebop -el evento se repetirá la semana que viene pero en el Centro Cultural Borges-.con Fabián “Sapo” Miodownik en batería.
Periodista: ¿Cómo es que un concierto armado en cuestión de horas, y donde ni siquiera hubo tiempo para ensayar, pudo convertirse en un disco en vivo?
Ricardo Lew: Nuestro amigo ingeniero de sonido Juan José Libertella, que tiene los estudios Liberty Sadem, ni bien supo la fecha en Boris se pùso como loco y dijo que eso había que grabarlo, así que en tiempo record instaló los equipos de grabación profesionales. Pero el tiempo pasó y nos fuimos olvidando hasta que Libertella apareció el año pasado diciendo que aún sonaba increíble. Solo agregamos unos pocos “re dubs” para darle algunos detalles sutiles a ese tape original que era ya de por sí muy bueno.
P.: Fabián “Sapo” Miodownik aprendió del propio homenajeado y que ya hace años lo viene reemplazando en el Cuarteto Oriental.
R.L.: El Sapo es un excelente baterista uruguayo y tiene el estilo Fattoruso a todo nivel. No sé cuánto le habrá costado en su momento la decisión de tener que sustituir a un gigante como Osvaldo, pero lo cierto es que ya lo viene haciendo muy bien hace varios años. Tal vez la haya tocado bailar con la más fea, pero baila realmente bien.
Con la extensa y prolífica carrera de Ricardo Lew, es imposible que la charla no vaya mas allá de este próximo show de Bebop. Lew lleva más de medio siglo con la guitarra eléctrica -lo que no le ha impedido grabar discos excelentes con una acústica- y una cualidad de su personalidad artística es su orgullo por haber sido uno de los grandes sesionistas de la riquísima industria musical de los años ’70 en adelante, que lo llevó a contribuir a los mejores discos de grandes artistas argentinos de todos los estilos, ya sea pop, melódico, tango o folklore, y por supuesto, mucho jazz. Del Polaco Goyeneche para abajo, todo.
P.: Una de las cosas que le dio su lugar esencial como guitarrista de estudio fue su interés por la técnica.
R.L.: A principios de los ’70 los únicos efectos que podía tener una guitarra eléctrica eran los pedales que usaba Jimi Hendrix, el cry baby o “wah wah” y el fuzz. Yo me los hice pedir a Estados Unidos. Siempre admiré a los grandes guitarras de sesión en los estudios como por ejemplo Larry Carton y sobre todo mi ídolo, Tommy Tedesco, el genio de la Telecaster que tocó con Elvis, los Beach Boys, The Byrds, Sonny & Cher, Frank Sinatra, Frank Zappa y los Monkees, entre otros.
P.: El primer track de “Navarro con polenta”, donde usted interviene, es el más original cover del clásico de Led Zeppelin “Black Dog”.
R.L.: Yo era el experto en efectos de guitarra que surgían de esos dos pedales que popularizó Hendrix. Y justo en 1977 cuando estábamos por grabar “Navarro con polenta”, también estaba trabajando mucho con Palito Ortega. Y apareció Palito y me dijo que se había comprado un aparato nuevo en Estados Unidos y que no entendía bien qué era ni cómo usarlo. Era mas que un pedal, era algo que yo nunca había visto, enorme, tenía un nombre raro y nunca nadie lo había usado mucho en ninguna parte. Pero yo entendí que era una especie de primitivo sintetizador de guitarra eléctrica, supongo que esa sería la manera de explicarlo. Y así fue que usé esos sonidos para darle la vuelta a la melodía de “Black Dog”.
P.: ¿Usted conservó grabaciones de algunas de sus sesiones nunca difundidas, de sus aportes a tantos artistas a lo largo de su trayectoria?
R.L.: Por supuesto. Tengo grabaciones de todo tipo, estilo y época, inéditas y al por mayor.




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