22 de noviembre 2007 - 00:00
Ricciarelli: "Hago cine, y temo que a la ópera la maten"
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Múltiple Katia Ricciarelli, de prima donna a prima attrice: llegó a Buenos Aires para presentar su primer protagónico dramático, "La segunda noche de bodas", de Pupi Avati.
K.R.: Es cierto, la ópera es un museo, un maravilloso museo. Y lo que hay que conseguir es mantenerlo abierto, no cerrarlo con actitudes anticuadas. Hay muchos que parecen no haberse dado cuenta de que el público conservador ya no existe. Y si queremos atraer a las nuevas generaciones, la ópera debe hablar otro lenguaje. Y eso es posible, con audacia y talento claro. Yo no me he retirado tampoco, si bien ya no canto óperas integrales. Continúohaciendo recitales de canto-y soy, desde hace cuatro años, la directora artística de la Opera de Macerata.
P.: Bien. Vayamos al cine. Tampoco es demasiado nuevo para usted, porque el 'Otelo' de Zeffirelli era también un film.
K.R.: Nada que ver. Filmar una ópera, con el consiguiente playback, no es una experiencia comparable al cine. Para mí, esto fue un debut, más allá de que también hice algo de «fiction» [lo dice en inglés] en la televisión. Y fue un placer trabajar con un cineasta como Pupi Avati, un maestro. Su manera de dirigir, de mirarte al rostro desde muy cerca, transmitirtelo que quiere conseguir.
P.: ¿Cómo llegó a hacer este film?
K.R.: Fue Avati quien me buscó para proponérmelo, y después de leer el guión acepté de inmediato. Allí me di cuenta del por qué de su propuesta. Creo que es un papel pensado para mí. Me atrae esa época de posguerra en la que se ambienta, la caracterización de esa mujer desorientada, viuda, pobre, con un hijo crápula...
P.: ¿Un neo-neorrealismo?
K.R.: No, al contrario. Es un drama sentimental, lírico a su manera. La mujer, poco después, va a conocer a su cuñado, un retrasado mental, y descubre que ese hombre, desde su juventud, estuvo siempre enamorado de ella. Poco a poco, habrá una relación que prescinde muchas cosas, empezando por el sexo. Pero preferiría no adelantar nada más.
P.: ¿Cuál fue la diferencia sustancial, para usted, entre salir a un escenario a cantar ópera y actuar en cine?
K.R.: El público, desde luego. Lo que se siente en un teatro es incomparable. Pero el cine tiene misterios que el teatro no tiene. En primer lugar, que una no tiene idea de cómo está saliendo todo: el ritmo de las tomas, las repeticiones, la fragmentación. Permanece la intriga hasta que la película está terminada, y allí, la revelación súbita.
P.: Seguirá en el cine, por supuesto...
K.R.: Claro que sí. Ahora hice una pequeña participación en el nuevo film de Cristina Comencini, «Bianco e nero», pero es casi un «cameo». Espero mi segundo protagónico...
Entrevista de Marcelo Zapata

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