16 de enero 2001 - 00:00
Ritos y sorpresas de las máscaras
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Aunque expresa la intención de forjar una identidad ficticia, la máscara del escultor Pájaro Gómez, con su antifaz de madera y su nariz aguileña de metal, termina siendo más afín a sus obras que su propio rostro.
Mercedes Esteves, a tono con los tiempos que corren, digitalizó una de las 24 máscaras blancas y negras de rasgos idénticos realizadas en la década del setenta y presentadas entonces en cajas de embalaje que cumplían a su vez la función de exhibidores y pedestales.
Clorindo Testa, artista, arquitecto y coleccionista de máscaras africa-nas, presentó dos trabajos con ambición diferente: uno es casi su autorretrato, los ojos son dos lápices que simbolizan la fusión de sus dos herramientas principales, la mirada y la capacidad de representar lo que observa; frente a ese gesto sensible, la otra máscara semeja un yelmo inexpugnable, en los tonos grises y fríos del acero.
Viviana Macías rompe el esquema tradicional y oculta su máscara dentro de una caja; una pequeña apertura permite acceder a otras sensaciones, las que provoca palpar un rostro suave y un pelo sedoso.


